Tema 10. Inmunidad: definición. Sistema inmunitario. Antígeno/anticuerpo: concepto y diferenciación. Composición microbiológica de la placa dental y saliva.
1. Inmunidad: definición
1.1. Concepto general
El sistema inmunitario es el conjunto de mecanismos —barreras físicas, moléculas circulantes, células especializadas y sistemas de señalización— mediante los cuales el organismo ejerce su acción protectora frente a microorganismos infecciosos y otras macromoléculas extrañas. No todos estos mecanismos actúan igual ni con la misma rapidez: unos están presentes y preparados desde antes de cualquier exposición a un agente extraño, mientras que otros se activan y se perfeccionan específicamente tras el contacto con él. Esta diferencia es la base de la distinción clásica entre inmunidad innata e inmunidad adaptativa.
1.2. Inmunidad innata (natural o inespecífica)
La inmunidad innata —también llamada natural o inespecífica— agrupa los mecanismos de defensa que están presentes y preparados para su activación antes de la exposición a microorganismos infecciosos o a otras macromoléculas extrañas. Sus componentes no aumentan por exposiciones repetidas y no discriminan entre la mayor parte de las sustancias extrañas: actúan de forma rápida y poco específica frente a un amplio espectro de patógenos. Incluyen:
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Barreras físicas, como la piel y las mucosas.
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Moléculas circulantes, como los reactantes de fase aguda y el sistema de complemento.
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Células fagocíticas y células agresoras naturales (natural killer, NK).
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Citocinas, como los interferones y el factor de necrosis tumoral.
Actúa, entre otros mecanismos, mediante receptores que reconocen patrones estructurales compartidos por grandes grupos de microorganismos —los llamados patrones moleculares asociados a patógenos (PAMP)— o patrones moleculares asociados al daño tisular (DAMP), respondiendo con rapidez sin reconocimiento específico previo. Aunque de forma clásica se ha considerado que la inmunidad innata carece de memoria, trabajos recientes describen una cierta «memoria entrenada» que puede mejorar la respuesta ante exposiciones posteriores.
1.3. Inmunidad adaptativa (específica o adquirida)
Frente a la innata, la inmunidad adaptativa —también llamada específica o adquirida— se compone de mecanismos de defensa inducidos o estimulados por la exposición a sustancias extrañas, específicos para cada macromolécula concreta, que aumentan en magnitud y capacidad defensiva con cada exposición sucesiva a la misma macromolécula. Sus principales elementos son los linfocitos T y B, las células presentadoras de antígeno (dendríticas, macrófagos, monocitos) y los anticuerpos o inmunoglobulinas producidos por los linfocitos B, junto con el complemento y las citocinas, que coordinan a todos estos componentes. Reconoce antígenos específicos mediante un repertorio muy diverso de linfocitos T y B, y requiere tiempo para que las células específicas de cada antígeno se activen y proliferen; a cambio, genera clones de células efectoras y de memoria que permiten una respuesta más rápida, potente y específica ante futuras exposiciones al mismo patógeno.
Existen sistemas, como el del complemento, que pueden actuar tanto en la inmunidad innata como en la adaptativa; por eso la clasificación funcional del sistema inmunitario distingue, sobre todo, elementos humorales y elementos celulares (se desarrollan en el apartado siguiente).
Fuente: A. Prieto Martín, D. Díaz Martín, M. L. Muñoz Zamarrón, J. Monserrat Sanz, "Inmunidad innata y adaptativa", Medicine - Programa de Formación Médica Continuada Acreditado, vol. 14, núm. 28 (2025), pp. 1698-1711, https://portalcientifico.uah.es/documentos/67eecf7fff673c514f57ff2e?lang=en.
2. Sistema inmunitario
2.1. Órganos del sistema inmunitario
Las células que integran el sistema inmunitario se organizan en tejidos especializados y en agrupaciones difusas por todo el organismo. Entre los órganos con un papel central en la respuesta inmunitaria se encuentran:
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La médula ósea: origen de todas las células sanguíneas; las células madre pluripotenciales dan lugar a progenitoras mieloides y linfoides.
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El timo: órgano linfoide primario en el que, por maduración y selección, las progenitoras linfoides dan lugar a los linfocitos T.
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Órganos secundarios o periféricos, como el bazo y los ganglios linfáticos, cuya estructura optimiza el contacto entre las poblaciones celulares que cooperan en la respuesta.
Todos estos núcleos linfoides están conectados por el sistema linfático, que —además de mantener la volemia— transporta hasta los ganglios los antígenos del líquido intersticial, donde quedan retenidos e interaccionan con las células del sistema inmunológico.
2.2. Células del sistema inmunitario
Los principales constituyentes celulares del sistema inmunitario son los linfocitos, los fagocitos mononucleares y las células accesorias relacionadas:
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Linfocitos T: proceden del timo, carecen de inmunoglobulinas de superficie y reconocen el antígeno mediante el complejo receptor de la célula T (TCR), junto a moléculas del complejo principal de histocompatibilidad (MHC, HLA en el ser humano). Se subdividen en CD4+ (HLA de clase II; subpoblaciones Th1, que activan macrófagos, y Th2, que activan células B) y CD8+ o T citotóxicos (HLA de clase I; citotoxicidad e inmunosupresión).
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Linfocitos B: captan antígenos mediante sus inmunoglobulinas de superficie y los presentan a las células T mediante HLA de clase II. Tras el estímulo antigénico, proliferan y se diferencian en células plasmáticas productoras de anticuerpos o en linfocitos de memoria.
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Células agresoras naturales (NK): linfocitos grandes y granulares que, sin maduración ni sensibilización previa, reconocen y destruyen células diana —en especial las que expresan poco o ningún MHC de clase I— mediante la exocitosis de sus gránulos citoplasmáticos.
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Células presentadoras de antígeno (APC): presentan HLA de clase II al linfocito CD4 colaborador. Incluyen macrófagos (monocitos emigrados a los tejidos, fagocíticos y citotóxicos), células dendríticas (entre ellas las de Langerhans, en la epidermis) y los propios linfocitos B.
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Granulocitos: neutrófilos (fagocitos que acuden por quimiotaxis a la infección), eosinófilos (menor fagocitosis; frente a parásitos y en procesos atópicos) y basófilos (hipersensibilidad inmediata por IgE, junto a los mastocitos tisulares).
2.3. Inmunidad humoral e inmunidad celular
La clasificación funcional de la respuesta inmunitaria distingue dos grupos de elementos:
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Elementos humorales: anticuerpos o inmunoglobulinas (de linfocitos B y de las células plasmáticas en que estos se diferencian), complemento y citocinas. Son los responsables de la inmunidad humoral, iniciada con la interacción del antígeno con el receptor antigénico de la célula B, es decir, con la inmunoglobulina de superficie.
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Elementos celulares: linfocitos T, células NK y células presentadoras de antígeno, responsables de la inmunidad celular, mediada por el contacto directo entre células (activación de macrófagos, citotoxicidad frente a células infectadas o tumorales, etc.).
2.4. El sistema inmunitario en la cavidad oral
La mucosa oral integra simultáneamente mecanismos de inmunidad innata y adaptativa. En lo innato, los queratinocitos expresan citocinas proinflamatorias como la interleucina 18 (IL-18); en lo adaptativo, la mayoría de los linfocitos intraepiteliales de la mucosa son linfocitos T, predominantemente CD8+. Conviven además una respuesta humoral local —secreción de IgG, IgE e IgA, con participación de mastocitos y eosinófilos— y una respuesta celular, en la que los Th1 pueden inhibir la función de los Th2 mediante interferón gamma. Dentro de esta inmunidad de mucosas, la inmunoglobulina A secretora (IgA-s) de la saliva ocupa un lugar central y se desarrolla en el apartado 4.
3. Antígeno/anticuerpo: concepto y diferenciación
3.1. El antígeno
Un antígeno es toda estructura reconocida por el sistema inmunológico. Si, además, es capaz de producir por sí mismo una respuesta inmunitaria específica, se denomina inmunógeno. El sistema inmunitario no solo reconoce sustancias ajenas: lo propio también se reconoce de forma continua, pero no se ataca porque existe un sistema de control que lo tolera (cuando esa tolerancia falla y el organismo reacciona frente a lo propio como si fuera extraño, se produce la autoinmunidad).
Químicamente, un antígeno corresponde a una proteína, un glúcido o una glucoproteína; es, por tanto, una estructura relativamente grande. Las partes concretas de esa estructura que son reconocidas de forma específica se denominan epítopos o determinantes antigénicos. Existen sustancias antigénicas que no son capaces, por sí solas, de desencadenar una respuesta inmunitaria: son los haptenos (caso de muchos fármacos); combinados con una proteína transportadora o carrier, adquieren capacidad inmunógena.
3.2. El anticuerpo (inmunoglobulina)
Los anticuerpos o inmunoglobulinas son productos de los linfocitos B, capaces de unirse de forma específica a un fragmento del antígeno. Se producen tanto en forma asociada a la membrana (la inmunoglobulina de superficie de la célula B, que actúa como su receptor para el antígeno) como en forma secretada; los anticuerpos secretados neutralizan antígenos, activan el complemento y los opsonizan, aumentando su fagocitosis.
Estructuralmente, una inmunoglobulina está formada por cuatro cadenas de aminoácidos —dos cadenas pesadas o cadenas H (heavy) y dos cadenas ligeras o cadenas L—, unidas por puentes disulfuro en una disposición característica en forma de «Y». A la secuencia de los dominios amino-terminales se le llama región variable (V), que confiere especificidad por el antígeno; el resto de la cadena, mucho más conservado, es la región constante (C). La digestión de la molécula con papaína la escinde en tres fragmentos: dos idénticos, Fab (antigen binding, responsables de la unión al antígeno), y un tercero, Fc (fragmento cristalizable), que contiene la mayor parte de la región constante de las cadenas pesadas y ejerce funciones efectoras —unión a receptores de Fc de eosinófilos, mastocitos y células NK, o transporte transepitelial de IgA e IgG—.
3.3. Diferenciación entre antígeno y anticuerpo
Antígeno y anticuerpo son, por tanto, elementos complementarios y de naturaleza distinta dentro de la misma reacción inmunitaria:
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El antígeno es la estructura extraña (o, en la autoinmunidad, erróneamente reconocida como extraña) que desencadena la respuesta inmunitaria; procede del exterior del sistema inmunitario (de un microorganismo, una sustancia química, un alérgeno…) y puede ser una proteína, un glúcido o una glucoproteína.
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El anticuerpo o inmunoglobulina es la molécula producida por el propio sistema inmunitario (por los linfocitos B y por las células plasmáticas derivadas de ellos) como respuesta a ese antígeno, con una estructura proteica en forma de Y que le permite unirse específicamente al antígeno que indujo su producción.
Dicho de otro modo: el antígeno es la causa y el objeto del reconocimiento; el anticuerpo es el producto defensivo generado para neutralizarlo o facilitar su eliminación.
3.4. Clases de inmunoglobulinas
Según el isotipo de cadena pesada que posean, las inmunoglobulinas se dividen en cinco clases, con propiedades funcionales distintas:
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IgG: la más abundante del suero (al menos cuatro subclases). Predomina en la respuesta secundaria, tiene actividad antitoxina, activa el complemento (facilitando la fagocitosis) y es la única que atraviesa la placenta, confiriendo inmunidad al neonato.
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IgM: propia de la respuesta primaria. Elevado peso molecular, se secreta en forma pentamérica, activa fácilmente el complemento y actúa como opsonina.
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IgA: anticuerpo predominante en las secreciones seromucosas (como la saliva); defensa frente a infecciones bacterianas en mucosas. No atraviesa la placenta, aunque puede transmitirse al recién nacido por el calostro.
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IgD: minoritaria en plasma; en mucosas y en la membrana de los linfocitos B, con un papel en la diferenciación linfocitaria inducida por antígeno.
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IgE: también escasa en plasma; en la membrana de basófilos y mastocitos, con un papel central en la hipersensibilidad inmediata (anafilaxia) y en la respuesta frente a parásitos.
4. Composición microbiológica de la placa dental y saliva
4.1. La placa dental: definición y composición general
La placa dental es una biopelícula formada por bacterias y sus productos que aparece adherida a la superficie de los dientes. Según el lugar en el que se localiza, se distinguen varios tipos de placa: supragingival (de superficies lisas, proximal, y de fosas y fisuras), subgingival y radicular; cada tipo presenta características microbiológicas y bioquímicas propias.
La placa supragingival se sitúa principalmente en el margen gingival. En su composición se observa, en conjunto, un 80 % de agua y un 20 % de fase sólida, y esta fase sólida está formada en su mayoría por bacterias (un 70 %) junto con una matriz orgánica o acelular. Esta misma realidad, descrita como biopelícula o biofilm, admite también otra forma de medirse a partir del volumen total: el biofilm estaría compuesto por bacterias (15-20 % del volumen) y por una matriz o glicocálix (75-80 % del volumen); esa matriz se compone de una mezcla de exopolisacáridos —su componente fundamental, producido por las propias bacterias—, proteínas, sales minerales y material celular. La diferencia entre ambas cifras (bacterias como el 70 % de la fase sólida frente al 15-20 % del volumen total) responde a que no miden lo mismo —peso de la fase sólida frente a volumen total, que incluye el agua de la matriz— y ambas fuentes coinciden en que la matriz, más que las bacterias, constituye la mayor parte del volumen de la placa.
4.2. Formación y colonización bacteriana de la placa
La formación de la placa supragingival comienza, a los pocos minutos de una limpieza exhaustiva, con el depósito de la película adquirida: una fina capa de proteínas y glucoproteínas salivales. Sobre ella tiene lugar la colonización primaria: el primer colonizador es Streptococcus sanguis (enlaces lectina-carbohidrato), seguido de Actinomyces naeslundii (enlaces proteína-proteína); luego se agregan S. mitis, S. gordonii, Rothia dentocariosa, Neisseria spp. o Corynebacterium matruchotii, predominantemente aerobios, pues la placa es aún fina. A los 3-5 días tiene lugar la segunda colonización: al crecer las microcolonias disminuye el oxígeno interior y aparecen ya anaerobias estrictas como Fusobacterium, Porphyromonas o Prevotella. La placa madura se consolida hacia la 2.ª-3.ª semana: bacilos grampositivos facultativos (Actinomyces) y estreptococos (S. sanguis, S. mitis, S. gordonii, S. oralis) predominan, con una fracción minoritaria de anaerobias (Veillonella, Porphyromonas, Prevotella) y, en zonas internas, algún treponema.
4.3. Flora microbiana de la placa supragingival y subgingival
La placa dental supragingival está constituida predominantemente por flora bacteriana sacarolítica grampositiva, entre la que se encuentran los microorganismos cariogénicos. La placa subgingival, en cambio, se localiza por completo dentro del surco gingival o de las bolsas periodontales y está constituida principalmente por flora bacteriana proteolítica gramnegativa, entre la que se encuentran los microorganismos periodontopatogénicos; en el surco gingival se secreta además el líquido gingival —procedente del plasma, con inmunoglobulinas y elementos nutritivos—, y sus condiciones selectivas (pH más alcalino, potencial de oxidorreducción bajo, menor exposición a la saliva) favorecen el predominio de microorganismos facultativos y anaerobios frente a los aerobios. En salud periodontal predominan los cocos y bacilos facultativos grampositivos (estreptococos, Actinomyces spp., C. matruchotii), con una proporción minoritaria de Veillonella, Peptostreptococcus, Eubacterium y bacilos gramnegativos anaerobios estrictos como Prevotella; en la periodontitis, en cambio, se incrementan de forma notable los bacilos anaerobios gramnegativos —según los datos clásicos de Slots (1979), hasta un 74 % de la flora— mientras disminuye la proporción de grampositivos facultativos. La matriz intercelular incorpora además productos bacterianos, células (epiteliales, macrófagos y leucocitos) y materiales orgánicos (polisacáridos, proteínas, glucoproteínas) e inorgánicos (calcio y fósforo).
4.4. Composición de la saliva
La saliva es un sistema coloidal cuyo disolvente es el agua; está formada en su inmensa mayoría por agua: el material docente citado la cifra en un 95 % de agua y un 5 % de componentes, y en los textos de fisiología es habitual la cifra del 99 % de agua; en todo caso, la fracción sólida es muy pequeña. Entre los componentes orgánicos están proteínas, lípidos, glúcidos y vitaminas (A, K, del grupo B y C); entre los inorgánicos, fosfato, bicarbonato, cloruros, calcio, potasio y sodio. En suspensión aparecen además células epiteliales descamadas, leucocitos, bacterias, levaduras y virus. Las proteínas salivales alcanzan unos 300 mg/100 mL, y entre ellas destacan, junto a enzimas digestivas como la amilasa (ptialina), un conjunto de componentes con función antimicrobiana e inmunológica: lactoperoxidasa, lisozima, lactoferrina, mucinas, histatinas, cistatinas y la inmunoglobulina A secretora.
4.5. Función antimicrobiana e inmunológica de la saliva
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Mucinas: glicoproteínas más importantes de la saliva, formadas por una cadena polipeptídica (de unos 18 aminoácidos que se repiten) con oligosacáridos en puntos concretos de la molécula. Forman una cubierta protectora hidratada que facilita masticación, deglución y habla; se adhieren al esmalte protegiéndolo de ataques químicos y físicos, y promueven la agregación de bacterias como Streptococcus mutans, favoreciendo su aclaramiento de la boca.
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Lisozima: proteína enzimática antimicrobiana que, combinada con aniones como bicarbonato o nitrato, desestabiliza la pared bacteriana al catalizar la hidrólisis de sus enlaces de polisacáridos, provocando la autolisis de la bacteria; promueve además su agregación y, al adherirse a la hidroxiapatita, favorece la saturación de la saliva en sales de calcio y fósforo.
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Lactoferrina: proteína bacteriostática que liga dos iones de hierro por molécula (propiedades similares a la transferrina sérica); al retener el hierro disponible, impide que los microorganismos lo usen para su metabolismo, limitando su crecimiento.
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Inmunoglobulina A secretora (IgA-s): principal inmunoglobulina de la saliva. Formada por dos cadenas de IgA, una cadena J y un componente secretor; se sintetiza en forma dimérica por células plasmáticas junto a las glándulas salivales, y esa IgA dimérica se une por su cadena J a un receptor que la transporta hasta la secreción. Previene los efectos de toxinas y enzimas bacterianas, inhibe la adhesión bacteriana a la película adquirida del esmalte y se adhiere a la superficie bacteriana, facilitando su agregación y eliminación; en conjunto, inhibe la adherencia de microorganismos a la mucosa oral y neutraliza virus. Junto a la IgA-s pueden detectarse también IgG e IgM secretoras.
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Otras proteínas defensivas: lactoperoxidasa (sistema enzimático antibacteriano) e histatinas (propiedades antifúngicas), además de un sistema de metaloproteinasas bactericida en presencia de peróxido de hidrógeno.
En conjunto, la acción antimicrobiana de la saliva combina un componente mecánico (arrastre de microorganismos), uno inmunológico (IgA secretora, con IgG e IgM secretoras) y uno enzimático (lisozima, lactoperoxidasa, lactoferrina): una de las principales líneas de defensa de la cavidad oral frente a la colonización microbiana.
Fuente: E. Sevillano, E. Eraso, "Tema 4. La placa dental", OpenCourseWare, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU), 2013, https://ocw.ehu.eus/pluginfile.php/44851/mod_resource/content/1/Material_de_estudio/Tema_4._La_placa_dental.pdf.
Fuente: C. Fader, "Secreción salival", material docente de Bioquímica General y Estomatológica, Facultad de Odontología, Universidad Nacional de Cuyo, https://www.fodonto.uncuyo.edu.ar/upload/teorico-saliva.pdf.