Tema 7. Salud bucodental: concepto y métodos para prevención. Hábitos alimenticios relacionados con la salud bucodental.
1. Concepto de salud bucodental
1.1. Definición de la Organización Mundial de la Salud
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud bucodental como la salud de la boca, los dientes y las estructuras bucofaciales que permite realizar funciones básicas como comer, respirar y hablar. Esta definición no se limita a lo biológico: la propia OMS señala que la salud bucodental afecta también a aspectos psicosociales de la persona, como la confianza en sí misma, su bienestar y su capacidad de socializar y trabajar sin dolor, incomodidad ni vergüenza.
Dos rasgos de esta definición son importantes para la práctica del higienista dental:
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La salud bucodental varía a lo largo de toda la vida, desde la primera infancia hasta la vejez, por lo que los objetivos y los métodos de prevención cambian según la etapa vital del paciente.
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Es parte integral de la salud general de la persona, no un compartimento aislado: ayuda a las personas a participar en la sociedad y alcanzar su potencial, y comparte factores de riesgo con otras enfermedades no transmisibles.
Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS), "Salud bucodental — Preguntas y respuestas", https://www.who.int/es/news-room/questions-and-answers/item/oral-health.
1.2. Definición de la FDI World Dental Federation (2016)
En 2016 la FDI World Dental Federation (Federación Dental Internacional) aprobó una definición de salud bucodental con el objetivo de disponer de una definición universal que facilitara incluir la salud bucodental en las políticas sanitarias generales. Según esa definición, la salud bucodental es multifacética e incluye la capacidad de hablar, sonreír, oler, saborear, tocar, masticar, tragar y transmitir un abanico de emociones a través de expresiones faciales, con confianza y sin dolor, molestias ni enfermedad del complejo craneofacial.
La propia definición añade que la salud bucodental es un componente fundamental del bienestar físico y mental, que existe en un continuo influido por los valores y actitudes de las personas y las comunidades, y que refleja atributos fisiológicos, sociales y psicológicos esenciales para la calidad de vida.
1.3. La salud bucodental como problema de salud pública
El Informe sobre la situación mundial de la salud bucodental de la OMS (noviembre de 2022), el primer análisis global de la carga de enfermedad bucodental con datos de 194 países, concluyó que casi la mitad de la población mundial (3.500 millones de personas, el 45 %) sufre alguna enfermedad bucodental. Las afecciones que más pesan sobre la salud pública son la caries dental, la enfermedad periodontal grave, la pérdida completa de dientes (edentulismo), el cáncer oral, los traumatismos dentales, el noma y las malformaciones congénitas como el labio leporino y el paladar hendido; la OMS subraya que la mayoría de estas afecciones son evitables.
La propia OMS señala que las enfermedades bucodentales comparten factores de riesgo comunes con las enfermedades no transmisibles: el consumo elevado de azúcar, el consumo de productos de tabaco y el consumo nocivo de bebidas alcohólicas agravan por igual la caries, la enfermedad periodontal y enfermedades como la diabetes o las cardiovasculares. Esta es la razón por la que la prevención bucodental no puede entenderse de forma aislada del resto de la promoción de la salud.
Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS), "La OMS destaca que el descuido de la salud bucodental afecta a casi la mitad de la población mundial", 18/11/2022, https://www.who.int/es/news/item/18-11-2022-who-highlights-oral-health-neglect-affecting-nearly-half-of-the-world-s-population; y "Salud bucodental — Preguntas y respuestas", https://www.who.int/es/news-room/questions-and-answers/item/oral-health.
2. Métodos para la prevención en salud bucodental
2.1. Los niveles de prevención aplicados a la boca
La odontología preventiva organiza sus actividades según los tres niveles clásicos de prevención, definidos en función del momento del proceso de enfermedad en el que se actúa:
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Prevención primaria: actúa antes de que aparezca la enfermedad, con el objetivo de reducir su incidencia. Se distingue a su vez una prevención primaria inespecífica (mejorar la salud general mediante una nutrición adecuada, condiciones de vida y de trabajo saludables) y una prevención primaria específica, dirigida contra un padecimiento concreto —por ejemplo, el uso de selladores de fisuras para evitar específicamente la caries, o la fluoración para reducir la desmineralización del esmalte—.
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Prevención secundaria: se pone en marcha cuando la prevención primaria no ha evitado la aparición de la enfermedad. Su finalidad es detener el proceso de la enfermedad y restaurar los tejidos mediante el diagnóstico precoz (revisiones periódicas) y tratamientos restauradores de mínima invasión, con el fin de curar la lesión o mejorar su pronóstico antes de que progrese.
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Prevención terciaria: interviene cuando han fracasado los niveles anteriores. Busca limitar el daño ya producido (por ejemplo, mediante extracciones o cirugía cuando la pieza ya no es viable) y, en una fase posterior, rehabilitar la función perdida mediante prótesis o implantes.
Esta gradación tiene una consecuencia práctica relevante para la planificación de programas de salud: la prevención primaria ofrece reducciones importantes de la enfermedad con un coste económico bajo, mientras que cada nivel posterior de intervención es progresivamente más costoso. Por eso los programas comunitarios de salud bucodental priorizan siempre la prevención primaria sobre la reparación del daño ya instaurado.
Fuente: S'Arreplec — Centre de Recursos per a l'Aprenentatge i la Investigació (CAIB, material docente de Formación Profesional de la rama sanitaria), "2.4.- Niveles de prevención en salud bucodental", https://sarreplec.caib.es/pluginfile.php/28525/mod_imscp/content/1/24_niveles_de_prevencin_en_salud_bucodental.html.
2.2. Métodos concretos de prevención primaria específica
Dentro de la prevención primaria específica, la literatura pediátrica y odontológica coincide en señalar cuatro grandes grupos de procedimientos útiles para la profilaxis de la caries dental, que se desarrollan con más detalle en otros temas de este programa:
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Uso del flúor, tanto por vía sistémica como, sobre todo, por vía tópica (dentífricos, colutorios, geles y barnices de aplicación profesional).
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Higiene bucodental, mediante el cepillado regular con una técnica correcta y, cuando procede, la higiene interdental (seda dental, cepillos interproximales).
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Medidas dietéticas restrictivas con los azúcares, por su relación directa con la aparición de caries.
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Tratamiento precoz de las lesiones activas, para evitar que una lesión incipiente progrese y comprometa la pieza dental.
A estos cuatro procedimientos se añaden, como medidas de prevención primaria específica igualmente consolidadas, los selladores de fosas y fisuras, indicados sobre todo en molares y premolares permanentes recién erupcionados con surcos profundos, y la educación para la salud bucodental, dirigida tanto al propio paciente como, en el caso de la infancia, a sus padres o cuidadores.
2.3. El marco internacional: la estrategia y el plan de acción mundiales de la OMS 2023-2030
En 2022, ante los datos del informe de situación mundial, los Estados Miembros de la OMS aprobaron una resolución para desarrollar una estrategia mundial sobre salud bucodental, que desembocó en el Plan de acción mundial sobre salud bucodental 2023-2030. Este plan traduce la estrategia en un conjunto de cien medidas concretas, organizadas en seis objetivos estratégicos y once metas mundiales, cuya finalidad es reducir la carga de las enfermedades bucodentales, que la propia OMS integra dentro de la crisis mundial de las enfermedades no transmisibles.
El enfoque del plan insiste en dos ideas de fondo coherentes con lo expuesto en el apartado anterior: abandonar el enfoque curativo tradicional para centrarse en la prevención —incluyendo entornos como la familia, la escuela y el lugar de trabajo— y, cuando la enfermedad ya existe, ofrecer una atención oportuna, integral e inclusiva. Para ello propone integrar la salud bucodental en la atención primaria mediante modelos de trabajo colaborativos e interprofesionales, en los que participan los distintos profesionales del equipo de salud bucodental, entre ellos el higienista dental.
Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS), "Salud bucodental — Preguntas y respuestas", https://www.who.int/es/news-room/questions-and-answers/item/oral-health; y "La primera conferencia mundial sobre salud bucodental fija la meta de alcanzar la cobertura sanitaria universal de aquí a 2030", 25/11/2024, https://www.who.int/es/news/item/25-11-2024-the-first-ever-global-oral-health-conference-highlights-universal-health-coverage-by-2030.
3. Hábitos alimenticios relacionados con la salud bucodental
3.1. Los azúcares libres y su relación con la caries
La OMS distingue los azúcares libres —monosacáridos y disacáridos añadidos a los alimentos y bebidas por el fabricante, el cocinero o el propio consumidor, así como los azúcares presentes de forma natural en la miel, los almíbares, los zumos de fruta y los concentrados de zumo de fruta— del resto de azúcares de la dieta, como los presentes de forma intrínseca en la fruta entera o la leche.
La recomendación de la OMS, vigente desde 2015, es doble:
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Reducir la ingesta de azúcares libres a menos del 10 % de la ingesta energética total, tanto en adultos como en niños (recomendación fuerte).
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Reducir aún más esa ingesta, por debajo del 5 % de la ingesta energética total (unos 25 gramos, el equivalente a unas seis cucharaditas al día), lo que aportaría beneficios adicionales para la salud (recomendación condicionada, por la limitada evidencia epidemiológica disponible en poblaciones con consumos ya bajos).
La propia OMS vincula explícitamente esta recomendación con la salud bucodental: la incidencia de caries dental es mayor cuando la ingesta de azúcares libres supera el 10 % de la ingesta energética total, y reducir el consumo por debajo del 5 % se asocia a menores tasas de caries. Junto al efecto sobre la caries, la OMS señala también el efecto de los azúcares libres sobre el peso corporal: los adultos que consumen menos azúcares tienen un peso corporal más bajo, y los niños con mayor consumo de bebidas azucaradas tienen más probabilidad de sobrepeso u obesidad.
Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS), "WHO calls on countries to reduce sugars intake among adults and children", 04/03/2015, https://who.int/news/item/04-03-2015-who-calls-on-countries-to-reduce-sugars-intake-among-adults-and-children.
3.2. Frecuencia de la ingesta frente a cantidad total
Un segundo principio, tan importante como el anterior para el higienista dental a la hora de educar al paciente, es que en la cariogénesis la frecuencia de la ingesta de azúcares es más determinante que la cantidad total consumida. Cada contacto de los azúcares fermentables con la placa bacteriana desencadena una caída del pH en la superficie del esmalte que puede prolongarse unos 20-30 minutos; si las ingestas se repiten muchas veces al día, el esmalte no dispone de tiempo suficiente para remineralizarse entre una caída de pH y la siguiente, y el riesgo de caries aumenta aunque la cantidad total de azúcar ingerida no sea muy elevada.
A esto se añade la consistencia del alimento: los alimentos pegajosos o adhesivos —que permanecen más tiempo en contacto con la superficie dental— son especialmente cariogénicos en comparación con alimentos de consistencia líquida o que se eliminan con rapidez de la boca mediante la masticación y la salivación.
3.3. Recomendaciones dietéticas prácticas
De los dos principios anteriores derivan las recomendaciones dietéticas que el higienista dental debe transmitir en la consulta y en los programas de educación para la salud, especialmente en la población infantil:
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Restringir los azúcares y las bebidas azucaradas a las comidas principales, evitando las ingestas frecuentes entre horas, precisamente para no multiplicar el número de caídas de pH diarias.
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Evitar los biberones endulzados, especialmente los que se ofrecen para conciliar el sueño, por el contacto prolongado del azúcar con la dentición en un momento de flujo salival reducido.
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Evitar los chupetes endulzados con miel, azúcar u otras sustancias dulces.
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Evitar los refrescos azucarados entre comidas, por la combinación de alta frecuencia de consumo y, a menudo, acidez añadida del propio refresco.
Estas recomendaciones se integran, en la práctica clínica y comunitaria, con las medidas de higiene bucodental y de fluoración que se describen en otros temas de este programa, formando en conjunto la prevención primaria específica de la caries dental.