Limpiar y desinfectar no es lo mismo
Limpiar es la acción mediante la que se elimina la suciedad (manchas visibles o partículas macroscópicas no inherentes al material que se va a limpiar) de una superficie o de un objeto, sin causarle daño. Desinfectar es la operación mediante la cual se destruyen los microorganismos, excepto las formas de resistencia, de los fluidos, objetos y superficies, o se evita su desarrollo. (Fuente: Servicio Galego de Saúde, Guía de procedimientos de limpieza en el medio hospitalario, apdo. 4 «Definiciones».)
La limpieza disminuye el número de gérmenes pero no los elimina por completo; por eso hay que practicar una desinfección posterior a la limpieza. La finalidad del conjunto limpieza + desinfección (L+D) es eliminar, o reducir a un número aceptable, los gérmenes de equipos y superficies. (Fuente: Gobierno de Aragón, Dirección General de Salud Pública, Orientaciones para la aplicación del autocontrol en los establecimientos de comidas preparadas, apdo. 2.) El orden práctico que recomienda la Comunidad de Madrid es: primero limpiar con bayetas húmedas para recoger el polvo y, después, desinfectar con la dilución de lejía. (Fuente: Comunidad de Madrid, «Desinfección de superficies y espacios con gérmenes».)
Detergentes
El Real Decreto 770/1999 define el detergente como todo producto cuya composición ha sido especialmente estudiada para colaborar al desarrollo de los fenómenos de detergencia y que se basa en componentes esenciales —los agentes tensioactivos— y, generalmente, en componentes complementarios (coadyuvantes, reforzantes, cargas, aditivos y otros). Incluye los productos para el lavado de vajillas, de ropa y de superficies, y los que, a base de tensioactivos, tienen además acción desinfectante. (Fuente: RD 770/1999, Reglamentación técnico-sanitaria de detergentes y limpiadores, art. 2.1 — BOE-A-1999-11049.)
El limpiador es el producto cuya finalidad principal es la limpieza y mantenimiento de objetos y superficies (suelos, maderas, plásticos, azulejos, cristales, sanitarios, metales, tejidos o cueros); puede contener disolventes, álcalis, ácidos, ceras, aditivos y otros auxiliares. (Fuente: RD 770/1999, art. 2.2.)
El agente tensioactivo es todo compuesto químico que, disuelto en un líquido, se absorbe preferentemente en una interfase, lo que determina un conjunto de propiedades fisicoquímicas de interés práctico. Se clasifican en iónicos (aniónicos y catiónicos), no iónicos y anfóteros. Que sean el componente fundamental del detergente no significa que estén en proporción mayoritaria. (Fuente: RD 770/1999, art. 2.3.) La biodegradabilidad es la capacidad de biodegradación de los tensioactivos, y los tensioactivos de estos productos deben cumplir la legislación vigente en esa materia. (Fuente: RD 770/1999, arts. 2.9 y 7.1.)
La molécula de un detergente tiene una parte hidrófila (afín al agua) y otra lipófila (afín a la grasa). Los aniónicos tienen baja capacidad antiséptica y son compatibles con la lejía; los catiónicos (amonio cuaternario) tienen más capacidad antiséptica y son incompatibles con la lejía; los no iónicos producen poca espuma, se degradan con facilidad y son compatibles con la lejía. (Fuente: SERGAS, Guía de procedimientos de limpieza, apdo. 3 «Información sobre productos de limpieza».)
Un detergente no limpia solo: necesita una acción mecánica sobre la superficie. Además, más producto no significa más limpieza ni limpieza más rápida, e incluso puede conseguirse el efecto contrario. (Fuente: EFIAP, Región de Murcia, Agrupación Profesional de Servicios Públicos, Tema 10, apdo. 1.1.) En la limpieza intervienen el producto, el elemento mecánico (manual o con máquina) y el tiempo de actuación. (Fuente: EFIAP, Tema 10, apdo. 1.1.)
Ácidos, álcalis y neutros
En la industria alimentaria se usan detergentes autorizados que pueden ser ácidos (indicados para desincrustar residuos calcáreos), alcalinos (para grasas y proteínas) o neutros (para suciedades escasas y para el lavado de manos). (Fuente: Gobierno de Aragón, Orientaciones para el autocontrol, apdo. 2.c.) Entre los productos de limpieza agresivos de uso más frecuente están la lejía, el agua fuerte (disolución de ácido clorhídrico), los productos a base de sosa, los limpiadores antical y los decapantes; los desincrustantes suelen llevar ácido clorhídrico, ortofosfórico o cítrico, y los desengrasantes amoniaco, hidróxido sódico o hidróxido potásico. (Fuente: INSST, BASEQUIM 022 «Limpieza de edificios y locales: exposición a los agentes químicos utilizados», 2016.) Los suelos de mármol o terrazo no soportan los ácidos. (Fuente: EFIAP, Tema 10, apdo. 3.5.)
Desinfectantes: bactericida y bacteriostático
Desinfectantes son sustancias usadas sobre objetos inanimados que destruyen los microorganismos nocivos o inhiben su actividad. (Fuente: SERGAS, Guía de limpieza, apdo. 3.) El INSST distingue:
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Bactericida: producto que tiene la propiedad de matar las bacterias en unas condiciones de empleo definidas.
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Bacteriostático: producto que posee la propiedad de inhibir momentáneamente la multiplicación de las bacterias.
(Fuente: INSST, NTP 429 «Desinfectantes: características y usos más corrientes».)
Los desinfectantes pueden ser físicos —el tratamiento térmico— o químicos: hipocloritos (lejía), yodados, amonios cuaternarios y fenólicos. (Fuente: Gobierno de Aragón, Orientaciones para el autocontrol, apdo. 2.c.) Los amonios cuaternarios tienen un espectro bastante elevado frente a bacterias y hongos, pero escaso frente a virus y esporas. Los alcoholes tienen su máxima actividad entre 60° y 80°; la concentración óptima es del 70 %. (Fuente: SERGAS, Guía de limpieza, apdo. 3.) Según el SERGAS, el alcohol solo actúa en superficies limpias, no tiene acción residual y es inflamable. La guía de buenas prácticas en instalaciones deportivas del Consejo Superior de Deportes lo presenta, en cambio, como un desinfectante que no pierde actividad por la presencia de materia orgánica (sí la pierde en contacto con detergentes), y coincide en que suele ser inflamable e irrita la piel y las mucosas (CSD-FEMP, Buenas prácticas en instalaciones deportivas, 2009, pág. 123); como las dos fuentes no coinciden en lo de la materia orgánica, la regla segura es la general: limpiar antes de desinfectar. Los fenoles no deben aplicarse a superficies donde se preparen alimentos. Es conveniente un protocolo de rotación de desinfectantes para evitar cepas resistentes. (Fuente: SERGAS, Guía de limpieza, apdo. 3.)
La lejía (hipoclorito)
Qué es. Se entiende por lejía la solución de hipoclorito alcalino con un contenido de cloro activo no inferior a 35 g/l ni superior a 100 g/l. La «lejía» tiene entre 35 y 60 g/l y la «lejía concentrada» entre 60 y 100 g/l. La denominación «lejía» queda reservada a estos productos. (Fuente: RD 3360/1983, Reglamentación técnico-sanitaria de lejías, arts. 2 y 3, en la redacción del RD 349/1993 — BOE-A-1984-2215.) Solo puede rotularse «apta para la desinfección del agua de bebida» la que cumple los requisitos del art. 5 y cuyas instrucciones permiten obtener 3 mg de cloro activo por litro de agua a tratar. (Fuente: RD 3360/1983, art. 5.1.)
Cómo actúa y qué la inactiva. Se inactiva en presencia de materia orgánica, por la luz solar (debe envasarse en recipientes opacos), por la temperatura alta (no debe usarse con agua caliente) y por el pH ácido. Corroe el níquel, el hierro, el acero cromado y otros metales oxidables; es de acción rápida y barata, con escaso efecto residual. Es incompatible con ácidos, derivados catiónicos y productos liberadores de oxígeno activo. (Fuente: SERGAS, Guía de limpieza, apdo. 3.1.) El pH le afecta en los dos sentidos: la guía de buenas prácticas en instalaciones deportivas del Consejo Superior de Deportes advierte que la lejía pierde poder desinfectante a medida que aumenta el pH y que, en contacto con ácidos, forma vapores tóxicos. Es decir, con ácidos es peligrosa (nunca se mezcla con ellos) y en un medio cada vez más alcalino desinfecta menos; por eso se usa sola, diluida en agua. (Fuente: CSD-FEMP, Buenas prácticas en instalaciones deportivas, 2009, pág. 122.)
Dilución. La Comunidad de Madrid recomienda una dilución 1:50: 20 ml de lejía casera en una botella de 1 litro, rellenando primero la mitad con agua, añadiendo la lejía y completando con agua fría del grifo. La mezcla se prepara el mismo día de su uso porque pierde eficacia en unas horas; «la lejía siempre en agua fría; en agua caliente no es más desinfectante». (Fuente: Comunidad de Madrid, «Desinfección de superficies y espacios con gérmenes».) En el medio hospitalario gallego la dilución de uso va de 1:10 (9 litros de agua y 1 de lejía) en zonas de alto riesgo a 1:50 (9,8 litros de agua y 200 ml de lejía) en zonas de riesgo medio, partiendo de lejía de 40 g/l. (Fuente: SERGAS, Guía de limpieza, apdo. 3.) La Consejería de Salud de Murcia indica 200 ml (un vaso) en 10 litros de agua y que la lejía se añade siempre al agua, nunca al contrario. (Fuente: MurciaSalud, «Salud Pública advierte del peligro de mezclar lejía con otros limpiadores domésticos».) El INSST cita 1 g/l (1.000 ppm) de cloro libre para uso general y 10 g/l ante salpicaduras de sangre o mucha materia orgánica; estas soluciones son inestables, se mantienen tapadas y conviene prepararlas a diario. (Fuente: INSST, NTP 429.)
No mezclar. Su etiqueta debe decir «En contacto con los ácidos libera gases tóxicos» y «No mezclar con otros productos, pueden desprender gases peligrosos (cloro)». (Fuente: RD 3360/1983, art. 10.5.) Al mezclarla con limpiadores ácidos (salfumán, vinagre, ácidos nítrico, fosfórico o cítrico) se produce cloro gas, tóxico al inhalarlo; con amoniaco se forman cloraminas, que, inhaladas, pueden producir alteraciones respiratorias.
Dosificación
La dosificación la da el fabricante: la etiqueta debe incluir el modo de empleo con las instrucciones y dosis cuando su omisión pueda causar un uso incorrecto. (Fuente: RD 770/1999, art. 11.1.i.) Cuando un producto deba diluirse, se siguen sus instrucciones; una concentración mayor no conlleva necesariamente una limpieza mejor o más rápida, y usar dosis superiores a las recomendadas es un factor de riesgo para el trabajador. Siempre que sea posible, se eligen formulaciones ya diluidas y listas para usar. (Fuente: INSST, BASEQUIM 022.)
Cálculo de una dilución (aritmética, no requiere fuente). Una dilución «al X %» contiene X partes de producto por cada 100 de solución: para 10 litros al 2 % hacen falta 10 × 0,02 = 0,2 litros, es decir, 200 ml de producto completados con agua hasta 10 litros. Una proporción «1:50» como la de la Comunidad de Madrid significa 20 ml de lejía en 1 litro de mezcla final.