Cada agente extintor es adecuado para determinadas clases de fuego. El agua es el agente idóneo para los fuegos de clase A (sólidos). El polvo ABC o polivalente sirve para fuegos de clases A, B y C. El dióxido de carbono (CO2 o nieve carbónica) se emplea sobre todo en presencia de riesgo eléctrico. Los fuegos de clase F (aceites y grasas de cocina) se extinguen con agentes químicos húmedos que actúan por saponificación.
Existen incompatibilidades importantes: en presencia de corriente eléctrica no son aceptables como agentes extintores el agua a chorro ni la espuma, por riesgo de electrocución; el CO2 no debe utilizarse en fuegos de metales (clase D); y el agua a chorro no debe usarse sobre líquidos (clase B), porque los dispersa y extiende el incendio.
Cada agente tiene, además, ventajas e inconvenientes propios. El dióxido de carbono (CO2) no deja residuos y no es conductor de la electricidad, por lo que se aconseja en presencia de corriente eléctrica. En cambio, su eficacia sobre las llamas es baja: el polvo es más del doble de eficaz que el CO2 o el agua pulverizada, y un extintor de CO2 contiene, a igualdad de peso, menos de la mitad de agente, porque su recipiente de acero ha de resistir una presión elevada. El extintor de CO2, como el de agua pulverizada, ha de accionarse a poca distancia del fuego, donde el calor radiante es muy penoso, y el gas sale a una temperatura especialmente baja: la boquilla se ase por la parte aislada destinada a ello y nunca se dirige hacia las personas, para evitar quemaduras por frío. El polvo, más eficaz, puede accionarse a mayor distancia, con mejor visión y menor riesgo para quien lo maneja, pero puede dañar instalaciones delicadas. El agua es prácticamente el único agente capaz de enfriar notablemente un fuego, sobre todo pulverizada, pero a chorro puede dispersar un fuego de sólidos disgregados y, aplicada a mano sobre instalaciones en tensión, puede entrañar riesgo de electrocución para quien la maneja. Los halones, muy eficaces por inhibición, deben descartarse por agotar la capa de ozono (Protocolo de Montreal); además, empleados en inundación total sobre fuegos extendidos, si la temperatura del local es alta, su descomposición térmica produce productos muy tóxicos.
Los métodos de extinción actúan sobre cada factor del fuego: el enfriamiento elimina el calor (agente típico, el agua); la sofocación elimina o desplaza el oxígeno (CO2, espuma, mantas); la desalimentación retira el combustible (por ejemplo, cerrar la llave del gas); y la inhibición rompe la reacción en cadena (polvo químico).