Dietas terapéuticas: concepto y tipos
Concepto de dieta terapéutica
La dieta terapéutica (o dieta hospitalaria) es un plan de alimentación prescrito por el médico o el especialista en nutrición que selecciona y modifica los alimentos —en cantidad, consistencia, frecuencia o composición— con una finalidad preventiva, de mantenimiento o curativa dentro del proceso de recuperación del enfermo. Forma parte del tratamiento: garantiza que el paciente hospitalizado mantenga o alcance un estado nutricional óptimo y, en muchos casos, contribuye directamente a controlar la enfermedad (por ejemplo, restringiendo el sodio en la hipertensión o los hidratos de carbono en la diabetes).
Las dietas terapéuticas se recogen en el manual o código de dietas de cada centro. El TCAE participa en la distribución de las bandejas, comprueba que la dieta servida coincide con la prescrita, observa la tolerancia y la ingesta real del paciente y comunica las incidencias, pero nunca modifica ni prescribe la dieta.
Dieta basal o normal
La dieta basal (también llamada normal o general) es la dieta de referencia. Está dirigida al paciente que no precisa ninguna modificación dietética: es equilibrada, completa y variada, cubre las necesidades de energía y nutrientes de un adulto sano y suele adaptarse a los alimentos propios de la zona y a la estación del año. Sirve como punto de partida y de comparación para el resto de dietas.
Dietas progresivas
Las dietas progresivas son una secuencia de dietas de consistencia creciente que se utilizan para la reintroducción gradual de la alimentación, sobre todo en el postoperatorio, tras un reposo digestivo o cuando hay problemas de deglución. Se avanza de una fase a la siguiente según la tolerancia del paciente, hasta llegar de nuevo a la dieta basal. Sus escalones son:
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Dieta absoluta: ausencia total de ingesta, ni alimentos ni líquidos ("nada por la boca"). Indicada en el preoperatorio y postoperatorio inmediato, en pruebas o exploraciones gastrointestinales, en la fase aguda de algunos procesos digestivos y siempre que se precise reposo gastrointestinal completo.
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Dieta líquida: aporta energía y nutrientes únicamente en forma líquida a temperatura ambiente (caldos, infusiones, zumos colados, agua). Es el primer paso de la reintroducción tras la dieta absoluta.
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Dieta semilíquida (semisólida): incorpora alimentos de textura líquida y pastosa (purés, yogur, gelatina, papillas). Es el paso intermedio entre la líquida y la blanda.
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Dieta blanda: alimentos enteros pero de textura blanda, de fácil digestión, con bajo contenido en fibra y grasa y sin condimentos fuertes. Es la transición habitual entre la semilíquida y la normal.
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Dieta de fácil masticación: alimentos blandos o troceados que no exigen una masticación enérgica, indicada en personas con problemas dentales, falta de piezas, prótesis mal adaptadas o dificultad para masticar (sin que exista disfagia que obligue a triturar).
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Dieta basal: último escalón, cuando el paciente recupera la tolerancia a la alimentación normal.
Dietas terapéuticas por modificación
Son dietas en las que se modifica un componente concreto (un nutriente, la consistencia o el residuo) según la patología:
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Dieta astringente: dieta pobre en residuos y fibra, indicada en la diarrea, la gastroenteritis y los procesos que cursan con aumento del número de deposiciones. Reduce el estímulo intestinal (arroz, patata, zanahoria cocida, pollo y pescado blanco hervidos, manzana, membrillo).
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Dieta laxante o rica en residuos: alta en fibra y líquidos (verduras, frutas con piel, legumbres, cereales integrales). Indicada en el estreñimiento y en patologías como la diverticulosis. Es la opuesta a la astringente.
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Dieta hiposódica: restricción de sodio (sal). Indicada en la hipertensión arterial, en las cardiopatías (insuficiencia cardiaca, postoperatorio cardiaco), en la insuficiencia renal y en la cirrosis hepática con ascitis o edemas. Según la severidad puede ser amplia, moderada o estricta.
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Dieta diabética o de hidratos de carbono controlados: controla la cantidad y el reparto de los hidratos de carbono a lo largo del día para mantener estable la glucemia. Indicada en la diabetes mellitus.
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Dieta hipocalórica: reducción del aporte energético total manteniendo el equilibrio de nutrientes. Indicada en el sobrepeso y la obesidad.
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Dieta hipercalórica e hiperproteica: aumento de las calorías y de las proteínas. Indicada en la desnutrición, los estados de hipercatabolismo (grandes quemados, sepsis, postoperatorios complejos), la convalecencia y los pacientes con aumento de las necesidades.
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Dieta hipoproteica: restricción de proteínas. Indicada en la insuficiencia renal (para reducir la sobrecarga de productos nitrogenados) y en la insuficiencia/encefalopatía hepática.
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Dieta sin gluten: elimina el gluten del trigo, la cebada, el centeno y derivados. Es el tratamiento de la enfermedad celíaca y de la sensibilidad al gluten.
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Dieta túrmix o triturada: alimentos triturados a textura homogénea, sin grumos, hebras ni pieles, y de viscosidad adaptada. Indicada en la disfagia (dificultad para la deglución), donde reduce el riesgo de atragantamiento y broncoaspiración. Debe enriquecerse en proteínas y calorías para mantener la densidad nutricional.
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Dieta de protección gástrica: dieta suave que evita irritantes de la mucosa (fritos, picantes, café, alcohol, ácidos), indicada en gastritis y úlcera gastroduodenal.
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Dieta de protección biliar (baja en grasa): restringe las grasas para reducir el trabajo de la vesícula y el hígado; indicada en colelitiasis, colecistitis y trastornos hepatobiliares.
Fuente: Comunidad de Madrid, recomendaciones dietético-nutricionales en diarrea.
Dieta basal en las residencias de personas mayores y reparto de macronutrientes
La planificación de las dietas en una residencia de mayores «se debe iniciar con el diseño de una dieta basal que da respuesta a las necesidades del 80-90 % de los usuarios», y a partir de ella se elaboran las dietas terapéuticas.
Para el aporte energético, la guía recoge el reparto de macronutrientes que recomienda la OMS: «hidratos de carbono 55-60 %, grasas <30-35 % y proteínas 15 %». Es decir, en la dieta de la persona mayor, como en la del adulto, la principal fuente de calorías son los hidratos de carbono; en las grasas y los hidratos de carbono importa además su calidad nutricional, y en las proteínas, que sean de alto valor biológico. Las vitaminas no aportan energía.
Fuente: Comunidad de Madrid, Consejería de Sanidad y Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales, Guía de recomendaciones. Alimentación y nutrición en residencias de personas mayores (edición septiembre 2024, actualización abril 2026), https://gestiona3.madrid.org/bvirtual/BVCM051370.pdf.