Concepto y tipos de comunicación
1. Concepto
La comunicación es el proceso de intercambio de información entre dos o más personas mediante un código común. En el ámbito sanitario es una herramienta terapéutica esencial para la relación profesional-paciente.
2. Elementos del proceso comunicativo
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Emisor: quien elabora y envía el mensaje (puede verse alterado por su estado emocional).
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Receptor: quien recibe e interpreta el mensaje.
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Mensaje: la información que se transmite.
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Código: sistema de signos compartido (idioma).
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Canal: medio físico por el que circula el mensaje.
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Contexto y retroalimentación (feedback): marco de la comunicación y respuesta del receptor que cierra el circuito.
3. Tipos de comunicación
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Verbal: oral y escrita (uso del lenguaje y las palabras).
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No verbal: gestos, expresión facial, mirada, postura, contacto físico, distancia (proxémica).
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Paraverbal: tono, volumen, ritmo y silencios.
Con el paciente y su familia debe usarse un lenguaje sencillo y claro (evitar tecnicismos), observando sus conductas y actitudes, y escuchando con atención.
4. Barreras e interferencias de la comunicación
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Cognitiva: el problema del paciente no es percibido ni comprendido por el entrevistador.
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Emocional: el estado afectivo distorsiona el mensaje.
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Ambiental/física: ruido, falta de intimidad, interrupciones.
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Semántica: uso de términos no comprendidos por el receptor.
5. Comunicación y trabajo en equipo
El equipo de trabajo se estructura en una dimensión social (relaciones interpersonales), una dimensión técnica (tareas y competencias) y una estructura organizativa. Requiere:
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Comunicación abierta, metas claras y cierta autonomía de sus miembros.
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La figura del líder para coordinar y dirigir la acción común.
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Mecanismos de coordinación (p. ej. el ajuste mutuo, la supervisión directa y la normalización).
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La reunión como técnica de trabajo: tiene una fase de preparación (previa, donde se fijan objetivos, orden del día y medios), una de desarrollo y una de cierre/seguimiento.
La persona enferma, la relación con el paciente y el trabajo en equipo
Cómo vive la persona la enfermedad
Etapas de la experiencia de enfermedad (Suchman). El sociólogo E. A. Suchman (1965) describió cinco etapas: 1) experiencia de los síntomas, cuando la persona percibe que «algo va mal», toma conciencia de un cambio corporal y valora su gravedad; 2) aceptación del rol de enfermo, en la que decide que está enferma y busca una legitimación provisional en su familia o su entorno; 3) contacto con la asistencia médica, cuando acude a recibir asistencia sanitaria: ahí busca tratamiento, una explicación de sus síntomas y la legitimación autorizada de su papel de enfermo, que el profesional puede conceder o negar; 4) rol de paciente dependiente, al aceptar el tratamiento; y 5) recuperación o rehabilitación.
Vivencia de la enfermedad. Cada persona vive de forma distinta la misma dolencia. Influyen factores internos, que dependen de la propia persona (su edad, su personalidad, su capacidad de adaptación, sus experiencias previas), y factores externos, ajenos a ella (el tipo y la gravedad de la enfermedad, el entorno familiar y social, la hospitalización).
Efectos de enfermar. Enfermar supone tomar conciencia de que la enfermedad existe y, con ella, de la propia fragilidad: la persona se enfrenta a su vulnerabilidad y, a veces, a la idea de la muerte. Los efectos más habituales en el paciente son dolor, temor y ansiedad, sensación de frustración por no poder hacer su vida normal y soledad, a los que se suman la pérdida de independencia, la desvalorización personal y el desarraigo por estar en un medio desconocido. La ansiedad unida a la depresión puede provocar temor a la soledad, a la invalidez o a la muerte.
El niño que enferma. La enfermedad produce en el niño sensaciones corporales inusuales, pérdida de control de partes de su cuerpo, separación de su familia, dolor y miedo, incluso miedo a la muerte. En lugar de sentirse invulnerable u omnipotente, el niño que enferma toma conciencia del riesgo y del peligro, a menudo con fantasías y temores sobre lo que le está ocurriendo.
Mecanismos de defensa. Ante la pérdida de salud la persona utiliza recursos psíquicos, en su mayoría inconscientes (negación, represión, regresión, racionalización, proyección…), que reducen la ansiedad alterando la percepción de la realidad. Son útiles mientras funcionan; cuando con el tiempo fallan o resultan insuficientes, afloran la angustia, la depresión y la agresividad, a veces dirigida hacia quienes le cuidan.
Autoconcepto. Es la imagen que cada persona tiene de sí misma. Tiene tres componentes interrelacionados: el cognitivo o autoimagen (lo que uno cree y piensa de sí mismo, incluida la imagen corporal y mental), el afectivo o autoestima (la valoración positiva o negativa que hace de sí) y el conductual o autocomportamiento (la conducta que tiene consigo mismo, coherente con esa imagen).
Motivación. Los factores motivadores orgánicos son las necesidades básicas derivadas de la condición biológica o animal del ser humano (hambre, sed, sueño, evitar el dolor). Se distinguen de los sociales, que nacen de la naturaleza del hombre como ser social (afiliación, pertenencia), y de los relativos al yo o ego (estima, reconocimiento, autorrealización), en la línea de la jerarquía de necesidades de Maslow.
Modelos en psicología evolutiva. Se reconocen tres grandes modelos: mecanicista (el individuo como máquina que reacciona a los estímulos; el aprendizaje es el concepto central), organicista (organismo activo que construye su conocimiento) y contextual-dialéctico (el desarrollo como diálogo entre el sujeto y su ambiente; Vygotski, Wallon).
Relación y comunicación con el enfermo
Modelos de relación profesional-paciente. Szasz y Hollender describieron tres: actividad-pasividad (el profesional decide todo, como en una urgencia con el paciente inconsciente), guía-cooperación y participación mutua. En el modelo cooperativo o contractual, centrado en el paciente, se valora su opinión y se le pide que participe en sus cuidados, pero el profesional no renuncia a su función de experto: mantiene su coherencia interna y sus convicciones y marca límites al paciente cuando es necesario. Se busca una buena relación, pero no al precio de dejar de ser profesional, y se apoya en el estilo asertivo, que se aprende.
Actitudes para el diálogo. El diálogo exige la participación simétrica de los interlocutores, un propósito o intención compartida, un lenguaje común con habilidades para hablar y escuchar, y la utilización de determinados procesos cognitivos: atender, comprender, interpretar, razonar y elaborar respuestas.
Aptitudes que facilitan la relación positiva con el enfermo. Entre ellas están saber escuchar, el respeto y la comprensión (empatía, aceptación incondicional), así como el interés, la disposición y la amabilidad. Para una relación eficaz son necesarias a la vez la escucha activa y la empatía; la impaciencia o las prisas («luego le escucho») la bloquean.
Trato e información. El auxiliar debe tratar al paciente con educación, simpatía y respeto y explicarle el procedimiento que se le va a realizar. La Ley 41/2002, de autonomía del paciente, reconoce el derecho del paciente a recibir información comprensible sobre su salud, hace responsables de informarle a los profesionales que le atienden o le aplican una técnica, y exige su consentimiento previo. Informar reduce la ansiedad; ocultar información o dársela solo a la familia no la evita.
Paciente desorientado. Conviene eliminar distracciones, captar su atención, ponerse a la altura de sus ojos y mirarle de frente, hablar despacio y claro con frases cortas, sencillas y concretas, darle tiempo para responder y atender a sus gestos. No hay que tratarle como a un niño ni usar un lenguaje infantil: sigue siendo un adulto.
Cambios de comportamiento. Informar por sí solo no basta, y tampoco persuadir o penalizar. Para que una persona cambie un comportamiento hay que informar, motivar (generar una actitud positiva hacia el cambio) y dar instrucciones concretas y los apoyos necesarios para desarrollar las capacidades que el cambio requiere, respetando sus decisiones. El cambio suele pasar por etapas (precontemplación, contemplación, preparación, acción y mantenimiento, según Prochaska y DiClemente).
Grupos y equipos de trabajo
Grupo. Es un conjunto de personas que interactúan, son conscientes de pertenecer a él, desempeñan roles y siguen normas, y que tienen intereses u objetivos compartidos que pretenden alcanzar.
Equipo. Un equipo es un conjunto de personas interrelacionadas y organizadas para llevar a cabo una determinada tarea. Sus rasgos básicos son la interacción, la interdependencia (el trabajo de un miembro no avanza si otro no hace el suyo) y la identidad o conciencia de grupo. Grupo de trabajo y trabajo en equipo no son lo mismo: en el equipo los miembros se coordinan y se complementan hacia una meta común.
Ventajas del trabajo en equipo. Aporta más información y puntos de vista, permite abordar tareas complejas y, si se fomenta la participación en las decisiones, incrementa la participación y el compromiso de sus miembros, que aceptan mejor las soluciones adoptadas. El resultado conjunto supera la suma de las aportaciones individuales (sinergia). No garantiza la amistad entre sus componentes y tiene inconvenientes: más lentitud, conformismo o pensamiento grupal.
Perspectiva individual. Para cada trabajador, pertenecer a un equipo satisface necesidades psicológicas (pertenencia, afiliación, seguridad, apoyo) y desarrolla o refuerza la percepción de su propia identidad.
Motivación en el equipo. La motivación extrínseca procede de fuera: son las recompensas recibidas, que pueden ser sociales, materiales o económicas (reconocimiento, premios, dinero). La motivación intrínseca nace de la propia persona: el deseo de superación y mejora y la satisfacción que produce la tarea en sí.
Pensamiento de grupo. Descrito por Irving Janis (1972), aparece en grupos muy cohesionados que priorizan el consenso sobre la evaluación realista de alternativas. Genera una visión particular de la realidad en la que el equipo cree que solo él hace las cosas bien: ilusión de invulnerabilidad, creencia incuestionable en la moralidad del propio grupo, estereotipos sobre quienes discrepan y autocensura.
Dinámica de grupo. Término de Kurt Lewin para el estudio de la estructura y el funcionamiento de los grupos, centrado en los aspectos psicológicos de los pequeños grupos (tensiones, conflictos, cohesión, adaptación al grupo) y también en los desplazamientos y relaciones de un grupo con otros.
Composición del equipo sanitario. Según su composición, el equipo puede ser intradisciplinar, formado por profesionales de una misma disciplina, o interdisciplinar, formado por profesionales de disciplinas distintas que trabajan de forma interdependiente, intercambian la información sistemáticamente y persiguen objetivos comunes. Se diferencia del multidisciplinar, en el que cada profesional trabaja de forma independiente y se relaciona con los demás solo informalmente.
Funciones del equipo. Las funciones clásicas del equipo de salud son la asistencial, la administrativa (organización interna, registro, evaluación y control de actividades), la docente y la investigadora.
La comunicación en la organización sanitaria
Según la relación entre emisor y receptor, la comunicación en un equipo puede ser vertical (propia del modelo autoritario, descendente del jefe al subordinado con instrucciones y retroalimentación, o ascendente de los subordinados hacia los superiores con información, problemas y sugerencias), horizontal entre personas del mismo nivel, y participativa, el modelo descentralizado en el que todos se comunican con todos, más satisfactorio y adecuado para tareas complejas. La comunicación lateral u horizontal suele ser más rápida, directa y eficiente que la vertical. La comunicación diagonal es la que atraviesa distintas funciones y niveles de la organización, entre personas de diferente nivel y departamento.
Mecanismos de coordinación. Según Mintzberg, las organizaciones coordinan el trabajo mediante el ajuste mutuo o adaptación mutua (la simple comunicación informal entre quienes realizan la tarea), la supervisión directa (un responsable asume el trabajo de otros, les da instrucciones y controla sus acciones) y la normalización de procesos, de resultados o de habilidades. En las organizaciones profesionales, como los hospitales, Mintzberg señala como mecanismo principal la normalización de habilidades: la formación que cada profesional trae hace que sepa qué esperar de los demás. La simple «observación» no figura entre estos mecanismos.
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