La patología de la construcción estudia los problemas que aparecen en un edificio, o en parte de él, después de construido. Determinar sus causas exige a menudo un estudio técnico con ensayos y mediciones especializadas, pero el bombero necesita unas nociones básicas de los elementos constructivos y de sus lesiones visibles para reconocerlas desde el primer momento.
Ante daños en un edificio, el servicio de bomberos tiene tres tareas:
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Reconocer las lesiones existentes.
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Diagnosticar y valorar su gravedad.
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Adoptar medidas preventivas provisionales frente a la emergencia.
El edificio avisa antes de caer: crujidos y siseos producidos por la rotura y disgregación de materiales que se desplazan por los huecos.
Clasificación de las lesiones:
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Por su origen: accidentales, ajenas al edificio (incendios, explosiones, sismos, obras anexas, movimientos de tierras), y no accidentales, debidas a sus propios elementos (envejecimiento, agentes ambientales, mala ejecución, materiales deficientes).
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Por su tipo: físicas (erosión y degradación por lluvia, viento y calor, con riesgo de caída de materiales); mecánicas (esfuerzos por cargas, empujes o impactos, que se ven como fisuras y grietas), y químicas (oxidación, eflorescencias, organismos vivos, humedades).
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Por su gravedad: leves o ruinas incipientes, fácilmente reparables y sin riesgo para las personas; graves o ruinas avanzadas, que afectan a la estabilidad de una zona y obligan a medidas provisionales, y muy graves o ruinas inminentes, que comprometen todo el edificio y exigen desalojar.
Puntos de inspección, porque los residentes pueden no haber advertido algunas lesiones: red de agua, deformación de huecos, grietas en fachadas y muros, pandeos y desplomes, fisuras en tabiques y falsos techos, flechas de forjados, deformaciones de cubierta, terreno, apoyos de vigas y forjados y desprendimientos.
Fisuras y grietas. Son la manifestación más común. Se diferencian por su anchura: fisura, menos de 1 mm; grieta, más de 1 mm. La fisura, en principio, no es grave; las grietas sí merecen atención:
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Grieta muerta: estabilizada, sin progresión; bordes no afilados, interior oscuro y con polvo. No reviste especial gravedad.
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Grieta viva: sigue avanzando; bordes afilados y limpios, color del material recién roto, arenilla alrededor, crujidos que oyen los vecinos y a veces testigos rotos. Es peligrosa, su velocidad de aparición indica la severidad y la primera medida es desalojar hasta que la evalúe un técnico.
Las grietas nacen de esfuerzos de tracción (fuerzas en la misma línea y sentidos divergentes, que estiran), y el esfuerzo actúa en dirección perpendicular a la grieta; la compresión (fuerzas convergentes, que acortan) produce abombamientos. Solo importan si afectan a elementos estructurales. En muros de carga, cuanto más horizontal es la grieta, más peligrosa, porque anuncia un desplome inminente. Hay que ver si es superficial o atraviesa el elemento y si es puntual o generalizada.
Otras manifestaciones:
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Desplazamientos: por sobrecargas, incendios, sismos, viento, mala cohesión, giros de la cimentación (desplomes), dilataciones o impactos. Pueden provocar colapsos parciales o totales.
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Pandeos: deformación por una compresión que supera la de diseño; depende de la esbeltez (relación entre longitud y sección). Se llama pandeo en pilares y abombamiento en muros. Sin grietas ni roturas puede no ser grave, pero conviene aligerar la carga.
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Flexiones: esfuerzos transversales que alabean la pieza; la flecha es la máxima desviación de una viga respecto a la horizontal y se aprecia en rodapiés y zócalos. También conviene aligerar carga.
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Esfuerzo cortante: tiende a seccionar el elemento, normalmente en los apoyos, «cizallando» la viga.
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Degradación de materiales: por tiempo, humedad y reacciones químicas; empieza en superficie y avanza hacia dentro.