El Manifiesto IFLA/UNESCO sobre la biblioteca pública ha tenido versiones en 1949, 1972, 1994 y 2022. El Manifiesto de la biblioteca escolar es un documento distinto (UNESCO 1999). Los diez principios del edificio bibliotecario de Faulkner-Brown establecen que debe ser flexible, compacto, accesible, extensible, variado, organizado, confortable, seguro, constante y económico. Las Pautas sobre los servicios de las bibliotecas públicas (Ministerio de Cultura, 2002) son un documento español original y fijan que ningún equipamiento independiente debe estar por debajo de 350 metros cuadrados. La accesibilidad de las bibliotecas es obligatoria (Ley 10/2007, art. 14.6; RD 505/2007; Código Técnico de la Edificación DB-SUA). La iluminación de los depósitos no debe superar los 50 lux para el fondo antiguo. Un objetivo del edificio es la flexibilidad, la accesibilidad y la seguridad del fondo y de los usuarios.
Los diez principios de Faulkner-Brown
El arquitecto inglés Harry Faulkner-Brown (Harry Faulkner Brown en muchas fuentes) formuló en los años setenta los conocidos como «diez mandamientos» del diseño de bibliotecas: diez principios básicos sobre las características del espacio destinado a la biblioteca. Según ellos, el edificio debe ser flexible, compacto, accesible, extensible, variado en su oferta de espacios, organizado, confortable, seguro, constante y económico. Dicho de la biblioteca: flexible, compacta, accesible, extensible, variada, organizada, confortable, segura, constante y económica.
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Flexible: su distribución, su estructura y sus servicios deben poder adaptarse con facilidad, lo que supone capacidad para ampliar o transformar los espacios. Esa flexibilidad se apoya en una concepción modular del edificio, de planta abierta.
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Compacto: concentra las circulaciones para facilitar el movimiento de los usuarios, del personal y de los libros. A esta cualidad se la llama compacidad (principio de compactibilidad).
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Accesible: facilidad de movimiento desde el exterior al edificio, y desde la entrada a todos los espacios, con una planta fácil de entender que necesite pocas indicaciones.
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Extensible (extensibilidad): permite crecer en el futuro con las mínimas molestias.
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Variado: ofrece distintos tipos de espacios de lectura y de colocación de los fondos, para que el usuario pueda elegir.
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Organizado, confortable, constante en sus condiciones ambientales (para conservar los fondos), seguro y económico en su construcción y en su mantenimiento.
En 2007 las pautas de la IFLA para edificios bibliotecarios (Pautas IFLA para edificios bibliotecarios) revisaron estos diez mandamientos con las cualidades propuestas por Andrew McDonald, entre ellas que el edificio sea funcional, adaptable, accesible, variado, interactivo, seguro, eficiente y adaptado al medio ambiente.
Lo que fijan las Pautas de 2002
Las Pautas sobre los servicios de las bibliotecas públicas (2002) piden que las bibliotecas públicas sean atractivas y se diseñen de modo que faciliten la accesibilidad, la flexibilidad y, en la medida de lo posible, su ampliación. Los edificios deben construirse atendiendo criterios de funcionalidad y sostenibilidad, con colaboración entre arquitectos y bibliotecarios.
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Ubicación: la biblioteca debe estar en una zona bien comunicada y de fácil acceso, con un emplazamiento céntrico en su municipio. El requerimiento básico de su ubicación es, por tanto, la centralidad.
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Superficie: ningún equipamiento bibliotecario independiente debe tener menos de 350 metros cuadrados (350 m2), preferiblemente en un único espacio y en una misma planta.
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Áreas del espacio interior: las Pautas enumeran diez áreas básicas: área general; área de acogida y de promoción; área de información y de referencia; área de música y audiovisual; área de publicaciones periódicas; área infantil; área de administración y servicios; área de fomento y/o espacios polivalentes (exposiciones, formación de usuarios, salas de reuniones…); depósitos; y área de instalaciones y mantenimiento. Los espacios de consulta y lectura se adaptan a las necesidades de los usuarios.
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Iluminación: se recomienda un nivel de 500 lux en toda la biblioteca. Es la iluminación general de los espacios de servicio; no se contradice con el límite de 50 lux citado al principio, que se refiere a los depósitos de fondo antiguo, donde la luz se reduce para conservar los documentos.
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Mobiliario: mostradores de información y atención al ciudadano (los muebles para la comunicación entre usuarios y personal), estanterías de libre acceso, expositores de publicaciones periódicas, mobiliario infantil, sofás y sillones para la lectura informal, puestos para equipos informáticos, carros para trasladar libros, y paneles y expositores.
Normas técnicas
El Informe Técnico ISO/TR 11219:2012 es la guía de ISO sobre edificios bibliotecarios: especifica los datos para la planificación de los edificios para bibliotecas, su equipamiento y sus diferentes áreas funcionales. Sirve para la planificación y construcción de nuevas bibliotecas y, en su anexo A, para la conversión de edificios existentes para uso bibliotecario.
Según su propia introducción, el informe contempla la planificación tanto de edificios nuevos como de la reconstrucción de edificios bibliotecarios existentes o la conversión de otros edificios para uso bibliotecario. Su anexo A (informativo) trata la reconstrucción y reorganización de edificios antiguos.
La norma ISO 11799 regula el almacenamiento de documentos de archivos y bibliotecas.
El Código Técnico de la Edificación (2006) es el marco normativo que fija las exigencias básicas de seguridad y habitabilidad que deben cumplir los edificios.
Directrices internacionales y de REBIUN
Las Directrices IFLA/UNESCO para el desarrollo del servicio de bibliotecas públicas (2001) piden que los edificios de las bibliotecas públicas sean accesibles a todas las personas de la comunidad y lo bastante flexibles como para adaptarse a servicios nuevos. En cuanto a su emplazamiento, deben estar situados cerca de otros lugares de actividades de la comunidad, como tiendas y centros culturales. También piden espacio suficiente para la circulación del público y del personal: entre el 15 % y el 20 % en las zonas públicas y, en la zona reservada al personal, entre el 20 % y el 25 % del espacio.
Las Directrices de la IFLA para materiales audiovisuales y multimedia en bibliotecas y otras instituciones (2004) recuerdan que el uso de materiales audiovisuales en las bibliotecas tiende a ser ruidoso, y que eso debe tomarse en consideración cuando se introduzca este servicio.
Las Normas y directrices para bibliotecas universitarias y científicas de REBIUN (1999) recomiendan atenerse al decálogo de Faulkner-Brown y mantener dos parámetros cuantitativos: 1 m2 por usuario y 1 puesto de lectura por cada 5 usuarios. Sobre los locales, indican que la sala de lectura deberá contar con espacio tanto para puestos de lectura como para estanterías de libre acceso, y que en los depósitos deben cuidarse muy especialmente las normas de carga, porque en ellos se colocan con frecuencia compactus. Por eso la resistencia de la estructura importa especialmente en los espacios destinados al almacenamiento de las colecciones. Para el fondo histórico, REBIUN pide que las estanterías sean metálicas, de baldas regulables, de bordes que no dañen las encuadernaciones y con sujetalibros que mantengan los libros verticales.
Mobiliario y almacenaje
Un carrel es un puesto de trabajo individual en la biblioteca. Un compacto es un sistema de almacenaje que optimiza la utilización del espacio: cada módulo es una estantería móvil sobre raíles, y los módulos se juntan y solo se abren por el pasillo que se necesita, de modo que permiten aprovechar mejor el espacio del depósito. «Compactus» es una marca de estantería móvil que ha dado nombre al sistema. Cuando en un depósito se busca el máximo aprovechamiento del espacio se eligen estanterías de tipo Compactus, porque el almacenaje en compactus permite aprovechar mejor el espacio.
Los Principios de la IFLA para el cuidado y manejo de material de bibliotecas advierten de que algunos materiales del propio mobiliario dañan los fondos: «La madera, en especial el roble, el abedul y la haya, emiten ácido acético entre otros». Por eso recomiendan que «Idealmente, las estanterías deben ser de acero con un acabado de esmalte cocido al horno», y que los volúmenes se guarden a un mínimo de 10 cm del suelo.
El documento marco Espacios y mobiliario en la BUS (Biblioteca de la Universidad de Sevilla, 2018), que se apoya en la norma ISO/TR 11219:2012, en REBIUN y en las recomendaciones de la IFLA, enumera los criterios que deben guiar la dotación de mobiliario: la calidad de materiales y acabados, la funcionalidad, la «Durabilidad y resistencia al uso intensivo», la comodidad y ergonomía, la estética (prudencia antes que extravagancia), la facilidad de limpieza y conservación, la elección entre mobiliario de serie o a medida, la movilidad y una distribución que facilite la circulación, además de la adecuación a la normativa de accesibilidad.
Sobre la carga que debe soportar el forjado de un depósito de biblioteca, el mismo documento indica: «Debe resistir una carga de 700 Kg./m2 para estanterías convencionales. 1.200 - 1.500 Kg./m2 en el caso de compactos». Recoge también, de Romero (2003), que la sobrecarga oscila entre 1.000 kg/m² (estanterías de 150 cm de altura) y 1.500 kg/m² (225 cm). Son cifras para bibliotecas: las Recomendaciones para la edificación de archivos (más abajo) dan 1.250 kg/m² para estanterías móviles de hasta 2,20 m.
La circulación de los usuarios no debe interferir con la del personal ni con la de los documentos, y la distribución de las circulaciones es el elemento clave para el buen funcionamiento de la biblioteca.
La biblioteca como lugar
El modelo de los cuatro espacios, que la Agencia Danesa de Cultura adoptó en su Programa Modelo para las bibliotecas públicas, distingue cuatro espacios: espacio para la inspiración; espacio de aprendizaje y descubrimiento; espacio de reunión y encuentro; y espacios de creatividad y creación.
La IFLA reconoce con el IFLA Green Library Award a las bibliotecas cuyo edificio y equipamiento son más sostenibles.
Tendencias e informes sobre los espacios
El informe NMC Horizon de 2017 para bibliotecas académicas y de investigación (NMC Horizon Report: 2017 Library Edition) sitúa el replanteamiento de los espacios de la biblioteca («Rethinking Library Spaces») entre las tendencias a medio plazo: las que impulsarán la adopción de tecnología en las bibliotecas académicas y de investigación durante los próximos tres a cinco años. Las tendencias a corto plazo son las de uno a dos años, y las de largo plazo, las de cinco o más.
El informe Prospectiva 2020 del Consejo de Cooperación Bibliotecaria (2013) dedica una de sus diez áreas a las bibliotecas ágora o bibliotecas como tercer lugar. Sobre los edificios dice: «Si la tendencia es que las bibliotecas sirvan como punto de encuentro, ágora o red social, esto tiene muchas implicaciones, pues los espacios serán utilizados de forma diferente». Y concluye: «La variedad de zonas y servicios requiere de edificios bastante grandes. Pero también debemos recordar que la colección ya no es la protagonista de los mismos. Incluso se aparta y se lleva a depósitos externos, dejando espacio libre para estos usos».
En las bibliotecas universitarias, la antropóloga Nancy Fried Foster es un referente en la investigación sobre usuarios y en el diseño participativo: introdujo el volumen Participatory Design in Academic Libraries (CLIR, 2012), que define el diseño participativo como un enfoque para construir espacios, servicios y herramientas en el que las personas que los van a usar participan de forma central en la concepción de las ideas y en el diseño de los productos.
Los Manifiestos de la IFLA/UNESCO
El Manifiesto de la IFLA/UNESCO sobre la biblioteca pública y el Manifiesto sobre la biblioteca escolar son documentos distintos, cada uno con sus versiones. El de la biblioteca pública tiene una versión original de 1949, actualizaciones en 1972 y 1994 y la versión vigente de 2022. El de la biblioteca escolar se aprobó en 1999 («La biblioteca escolar en la enseñanza y el aprendizaje para todos») y su edición actualizada es el Manifiesto de la IFLA sobre la biblioteca escolar de 2021.
Los depósitos de archivo: las Recomendaciones para la edificación de archivos
Las Recomendaciones para la edificación de archivos (Normas técnicas de la Subdirección General de los Archivos Estatales; 2.ª edición, actualizada y ampliada, Ministerio de Educación y Cultura) fijan, entre otros, estos datos para los depósitos documentales:
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Iluminación: «El nivel de iluminación interior de los depósitos no excederá de 100 lux a nivel de pavimento. Los rayos solares no deberán incidir directamente en la documentación ni en sus contenedores». En edificios de nueva planta «se procurará evitar en los depósitos documentales las ventanas a las fachadas de mayor incidencia solar».
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Altura libre: «La altura libre de techo no será inferior a 2,25 m. recomendándose que no exceda de 2,50 m.»
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Ubicación: «Como norma general no se recomienda la utilización de las plantas bajo rasante como depósitos documentales por las dificultades que entraña el control de las humedades». El depósito «se situará convenientemente aislado del resto de las dependencias», comunicado con ellas mediante vestíbulos y puertas cortafuegos.
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Estanterías: la separación entre estanterías será del orden de 1 metro en pasillos principales y de 75 cm en los secundarios; la máxima longitud aconsejable es de 11 metros, y la balda más alta debe ser accesible a mano por una persona de estatura normal (aproximadamente 1,90 m). Módulo orientativo: 1.100 mm de ancho y 2.200 mm de alto.
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Sobrecargas de uso para el cálculo de la estructura del depósito documental: estanterías fijas, 750 kg/m²; estanterías móviles, 1.250 kg/m² («Estos valores se refieren a una altura máxima de 2,20 metros»); planeros, 600 kg/m². En la zona de trabajo: locales, 500 kg/m²; talleres, 1.000 kg/m²; sala de ordenador, 1.500 kg/m².
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Climatización: para el depósito: «Ventilación natural controlada, calefacción o refrigeración por aire».