La atención al público exige adaptarse a las circunstancias de cada persona. Algunos colectivos requieren pautas específicas que no suponen un trato distinto en lo esencial, sino poner más énfasis en determinados aspectos.
Con personas ciegas: no mostrar nerviosismo, tomar la iniciativa en el saludo para que adviertan nuestra presencia (un leve contacto en el brazo ayuda), hablar directamente con ellas y no a través de un acompañante, emplear un volumen de voz normal, usar con naturalidad expresiones relacionadas con la visión y ofrecer un lenguaje explícito, indicando la posición de los objetos tomando a la persona como referencia ("a su izquierda", "justo detrás de usted").
Con personas sordas: asegurarse de que nos miran antes de hablar o llamar su atención con un gesto, vocalizar con claridad sin gritar, hablar despacio, construir frases cortas y sencillas y apoyarse en gestos o en mensajes escritos cuando sea necesario.
Con personas con discapacidad física o motriz: tratarlas con naturalidad, prestar la ayuda que necesiten sin precipitarse (preguntando en caso de duda), adaptarse a su ritmo y ser discretos sin indagar el origen de la lesión.
Con personas con discapacidad psíquica: relacionarse según sus posibilidades y no según sus dificultades, escucharles y preguntar para aclarar la consulta, tener paciencia y no subestimarlas.
Con personas mayores: acogerlas con cordialidad y optimismo, respetar su ritmo de expresión, hablar con ritmo moderado y lenguaje claro, ser exhaustivos y resumir las instrucciones con notas breves de letra grande.
Con personas extranjeras: tener presentes las barreras idiomáticas y las diferencias culturales, vocalizar, hablar despacio y explicar con detalle la documentación que se entregue.