2. Fisiología de la respiración
La respiración cumple tres fases: la ventilación (entrada y salida de aire), el intercambio gaseoso o hematosis (en el alvéolo) y el transporte de gases por la sangre, todo ello bajo control nervioso.
2.1. Ventilación pulmonar
Es la renovación del aire en los pulmones, con dos movimientos:
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Inspiración (ACTIVA): el diafragma y los intercostales externos se contraen, el tórax aumenta de volumen, baja la presión interna y el aire entra. Requiere gasto de energía.
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Espiración (PASIVA en reposo): los músculos se relajan, el tórax recupera su tamaño por su propia elasticidad (retroceso elástico) y el aire sale, sin esfuerzo muscular. Solo es activa en la espiración forzada.
2.2. Intercambio gaseoso / hematosis
En el alvéolo se produce la hematosis: el intercambio de gases entre el aire alveolar y la sangre de los capilares a través de la membrana alvéolo-capilar. Se realiza de forma pasiva, por difusión (los gases pasan del medio más concentrado al menos concentrado):
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El O2 ENTRA del alvéolo a la sangre (la sangre venosa se oxigena → se vuelve arterial).
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El CO2 SALE de la sangre al alvéolo para ser eliminado en la espiración.
2.3. Transporte de gases
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El O2 es transportado por la sangre unido principalmente a la hemoglobina de los glóbulos rojos (formando oxihemoglobina).
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El CO2 se transporta sobre todo disuelto en forma de bicarbonato en el plasma, y en parte unido a la hemoglobina.
2.4. Regulación de la respiración
La respiración está controlada de forma automática e involuntaria por el centro respiratorio, situado en el bulbo raquídeo (tronco del encéfalo). Este centro ajusta la frecuencia y la profundidad respiratoria según los niveles de CO2 y O2 detectados por los quimiorreceptores; el estímulo principal en condiciones normales es el aumento de CO2 en sangre.
2.5. Volúmenes y capacidades pulmonares
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Volumen corriente (tidal): aire que entra y sale en una respiración normal, en reposo (aproximadamente 500 ml en el adulto).
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Volumen de reserva inspiratoria / espiratoria: aire que aún puede inspirarse o espirarse con esfuerzo máximo.
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Volumen residual: aire que queda en el pulmón tras una espiración máxima (no se puede expulsar).
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Capacidad vital: máximo volumen de aire que se puede movilizar entre una inspiración máxima y una espiración máxima (suma del volumen corriente más los volúmenes de reserva). Es un dato clave en la valoración funcional respiratoria.
2.6. Frecuencia respiratoria y patrón normal
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Frecuencia respiratoria (FR) normal en el adulto en reposo: 12-20 respiraciones por minuto (rpm).
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Eupnea: respiración normal, tranquila, regular y sin esfuerzo, dentro de los valores normales de frecuencia.
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En niños y lactantes la FR normal es mayor que en el adulto.
Parámetros que se valoran al explorar la respiración
Las características que hay que observar siempre, no solo la frecuencia
Cuando se valora cómo respira un paciente no basta con contar cuántas veces respira por minuto. Hay que fijarse, a la vez, en el tipo, la frecuencia, la simetría, el ritmo y la profundidad. El tipo distingue si predomina el movimiento de la caja torácica (respiración costal o torácica) o el del abdomen por el descenso del diafragma (respiración abdominal o diafragmática). La frecuencia es el número de ciclos respiratorios completos en un minuto. El ritmo indica si las respiraciones se reparten en el tiempo de forma regular, con intervalos iguales, o irregular. La profundidad describe el volumen de aire movilizado en cada ciclo: superficial, normal o profunda. Y la simetría comprueba que los dos hemitórax se expanden y se contraen por igual, con el mismo ritmo y la misma profundidad; que un lado se mueva menos que el otro, o al contrario que él, es un signo de alarma.
Por qué se valoran juntas y no solo una de ellas
Fijarse solo en la frecuencia deja escapar información clínica importante: un paciente puede tener una frecuencia dentro de lo normal y, sin embargo, respirar con un ritmo irregular, de forma muy superficial o con un hemitórax que apenas se mueve. Son signos que, vistos por separado, pueden pasar desapercibidos, pero que juntos dibujan un cuadro de dificultad respiratoria. Por eso la valoración completa de la respiración obliga a recorrer siempre las cinco características a la vez —tipo, frecuencia, simetría, ritmo y profundidad— y no quedarse en una sola de ellas.
Fuente: SAMUR-Protección Civil (Ayuntamiento de Madrid), «Valoración del paciente adulto», https://www.madrid.es/ficheros/SAMUR/data/402.htm · Manual Clínico del Hospital Universitario Virgen del Rocío, «Medición de la frecuencia respiratoria», https://manualclinico.hospitaluvrocio.es/procedimientos-generales-de-enfermeria/medicion-de-constantes-vitales/medicion-de-la-frecuencia-respiratoria/ · Consultadas el 14/10/2026.
Sangre venosa y sangre arterial: qué transporta cada una
La sangre venosa
La sangre venosa es la que regresa al corazón desde los tejidos. Durante su paso por el cuerpo ha cedido oxígeno a las células y ha recogido el dióxido de carbono y los productos de desecho que estas producen, de modo que es una sangre rica en dióxido de carbono y pobre en oxígeno: tiene menos oxígeno que la sangre arterial y un color más oscuro. Por eso no es correcto decir que contenga más oxígeno que dióxido de carbono ni que mantenga las funciones celulares mejor que la arterial: el oxígeno que necesitan las células lo lleva la sangre arterial.
El recorrido por los pulmones
La sangre con déficit de oxígeno y cargada de dióxido de carbono vuelve al lado derecho del corazón a través de las dos grandes venas, la vena cava superior y la vena cava inferior. Desde ahí es impulsada por la arteria pulmonar hacia los pulmones. En los capilares que rodean los alvéolos ocurre el intercambio: el oxígeno inhalado pasa de los alvéolos a la sangre, y el dióxido de carbono pasa de la sangre al aire de los alvéolos para eliminarse con la espiración. Es decir, la sangre venosa no va a los pulmones a recoger dióxido de carbono, sino a liberarlo y cargarse de oxígeno.
Ya oxigenada, la sangre sale de los pulmones por las venas pulmonares hacia el lado izquierdo del corazón, que la distribuye al resto del organismo como sangre arterial. De este recorrido sale un dato que suele preguntarse: la arteria pulmonar lleva sangre con déficit de oxígeno y las venas pulmonares llevan sangre oxigenada.