Se llama desencarcelación (o excarcelación) al conjunto de operaciones que permiten sacar con seguridad a las víctimas atrapadas o que permanecen dentro de un vehículo. El equipo, bajo la dirección del mando, se divide en un grupo sanitario, que se ocupa de la víctima, y un grupo técnico, que hace el resto del trabajo.
Cerca de los vehículos se extiende una lona con todas las herramientas que se van a usar y se habilita otra zona, la zona sucia o de residuos, para dejar la chapa y piezas cortadas, de forma que no estorbe el rescate ni el traslado a la ambulancia.
Primeras actuaciones:
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Recorrer el perímetro buscando riesgos (derrames de aceite o combustible, cables eléctricos…), y comprobar cuántos vehículos hay y cómo están, cuántas víctimas y dónde, y si los vehículos son estables. Hay que averiguar la energía de propulsión de cada vehículo (GLP, GNC, híbrido, eléctrico, convencional) para neutralizar sus riesgos.
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Valorar a las víctimas, empezando por si están conscientes. A una víctima inconsciente se accede lo antes posible (acceso rápido de emergencia) tras una estabilización primaria o de emergencia; el rescatador entra por la puerta o ventana abierta para abrirle la vía aérea y, si todo está cerrado, rompe la luna más pequeña y más alejada de ella.
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Colocar protección blanda a víctimas y sanitarios y protección dura entre la víctima y la parte del vehículo sobre la que se trabaja, para evitar lesiones por fragmentos. Retirar el revestimiento interior para ver qué se corta y evitar peligros. Toda pieza cortada que suponga riesgo se cubre con mantas de protección: un desmonte no está terminado hasta que está protegido. Bajo control sanitario, se retrasan los asientos delanteros para ganar espacio.
Quien maneja una herramienta debe controlarla en todo momento y vigilar cómo evoluciona el corte o el aplastamiento; normalmente el compañero que sostiene la protección dura vigila el interior, por lo que conviene que ambos mantengan contacto físico. Los cortes se hacen con la cizalla perpendicular a la pieza, a 90º.
Antes de cualquier maniobra de fuerza se sigue el procedimiento básico: tratamiento de cristales, estabilización y retirada de tapizados, con protecciones duras y blandas para ocupantes y rescatadores. A veces basta con mover los asientos o la columna de dirección con sus propios mandos para liberar al ocupante.