Las discapacidades sensoriales son las que afectan a los sentidos a través de los cuales la persona recibe la información del entorno. Las dos principales son la discapacidad visual (ceguera y baja visión) y la discapacidad auditiva (hipoacusia y sordera); cuando concurren las dos se habla de sordoceguera. La vista y el oído son los sentidos de la información a distancia, por eso su pérdida afecta no solo a la percepción, sino al desarrollo, a la comunicación, a la movilidad y al acceso a la información.
Marco normativo. El Real Decreto Legislativo 1/2013, de 29 de noviembre, incluye expresamente las deficiencias sensoriales en su definición de personas con discapacidad: «aquellas que presentan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales, previsiblemente permanentes que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con los demás» (artículo 4.1). La Ley 27/2007, de 23 de octubre, reconoce las lenguas de signos españolas y regula los medios de apoyo a la comunicación oral de las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas.
La sordoceguera. La Ley 27/2007 define a las personas con sordoceguera como «aquellas personas con un deterioro combinado de la vista y el oído que dificulta su acceso a la información, a la comunicación y a la movilidad». La Ley 4/2026, de 1 de octubre, que entra en vigor el 23 de octubre de 2026, incorpora además al artículo 2 del Real Decreto Legislativo 1/2013 una definición propia: la sordoceguera es una discapacidad específica derivada de la concurrencia simultánea de una discapacidad visual y una discapacidad auditiva de carácter severo o profundo, que genera necesidades de apoyo extensas y continuadas en la comunicación, la orientación, la movilidad, el acceso a la información y la interacción con el entorno. No es la suma de dos discapacidades: la falta de un sentido impide compensar con el otro, y por eso exige métodos y profesionales específicos.
Principios de la intervención con personas con discapacidad sensorial: detección y atención tempranas, aprovechamiento de los restos sensoriales, potenciación de los sentidos conservados, accesibilidad de la información y la comunicación, participación de la familia y enfoque inclusivo.