El achique (o desagüe) es un servicio de asistencia técnica que consiste en extraer por bombeo el agua de zonas inundadas que normalmente están secas. Casi siempre son aguas sucias con partículas y objetos, lo que condiciona qué bomba conviene. Su origen puede ser antrópico (roturas o fallos de redes, presas, colectores; efecto local y controlable al localizar la causa) o natural (lluvias intensas, deshielo; mayor extensión y daño). En episodios de lluvia el servicio puede verse desbordado: se priorizan los grupos vulnerables (residencias, guarderías) y el salvamento de personas, apoyándose en el 112 y la central, con lista de servicios en cola y la información que transmiten las dotaciones sobre accesos y zonas afectadas. Las grandes inundaciones son riesgo colectivo y van por un plan especial de protección civil.
Reconocimiento previo: necesidad de salvamentos, roturas o fugas en redes, riesgo estructural, riesgos añadidos (eléctrico, gas, líquidos peligrosos), volumen y altura del agua, accesos, distancia a los vehículos y dónde verter el agua extraída.
Toma de decisiones: primero, personas en peligro; si hay riesgo estructural, evacuación asistida. Ante una rotura de conducción se avisa a la empresa de aguas. No se achica hasta controlar todos los riesgos: si hay riesgo eléctrico generalizado se desconecta la caja general de protección (CGP) y el gas se corta en la válvula de acometida a la finca.
Casuística:
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Vía pública: donde el alcantarillado está cegado o no existe. Cuidado con fangos, oquedades y desniveles; mejor autobombas forestales o rurales por su mayor vadeo, y barcas listas si se esperan tormentas. Se buscan los pozos de registro (el de fecales suele ir por el eje de la vía; en red separativa, el de pluviales a un lado), preguntando a la central, a la empresa de aguas o a vecinos, o tanteando el suelo con una barra. Se abre con cuidado por la succión; el remolino indica que funciona. La zona no se abandona sin señalizarla (cono sobre un objeto pesado). Sin saneamiento, se bombea a una zona despejada o al alcantarillado más próximo si admite el aporte.
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Sótanos y garajes: el agua baja al punto más bajo. Las mangueras van por las escaleras. Con una planta, motobomba cerca de la entrada (sin meter gases) o turbobomba; con dos o más plantas, electrobomba.
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Pasos subterráneos y túneles: accesibles por la rampa; con mucho volumen, puede recurrirse (no es lo recomendable) a la autobomba. En túneles, lo más corto hasta un desagüe suelen ser las salidas de emergencia.
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Rotura o fuga de tuberías: aislar la zona con antelación, mejor con cinta (los conos pueden quedar sumergidos), cortes de tráfico con la policía local, instalaciones de achique y ayuda a evacuar. Se deduce si es abastecimiento o saneamiento y se busca la válvula más próxima. Las fugas se taponan con cuñas, cojines, planchas, obturadores, bridas o bandas neumáticas; el corte es efectivo si el nivel baja.
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Obstrucción del saneamiento en finca privada: olor fecal y restos flotando; lo resuelve la comunidad con una empresa de desatrancos.
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Embarcaciones: el agua va a la sentina; hay que achicar más rápido de lo que entra hasta reparar la vía. Mejor en puerto; fuera, con barca y medios propios, bajo la responsabilidad de Capitanía Marítima a través de Salvamento Marítimo. Los grandes buques tienen sus propios sistemas, muy superiores.
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Trasvase de productos peligrosos: es cuando más accidentes ocurren; se exige conocer el producto, la protección química adecuada y la aptitud de cada bomba (incluido su aislamiento eléctrico para atmósferas explosivas). Cisternas y grandes depósitos suelen resolverse con los equipos de la empresa implicada.