El siglo XVII español es el Siglo de Oro: mientras la monarquía de los Austrias vive una etapa de decadencia política y económica, la cultura y las artes alcanzan un esplendor extraordinario. En pintura domina el naturalismo, la representación fiel de la realidad, y el tenebrismo, técnica de fuerte contraste de luz y sombra.
La figura cumbre es Diego Velázquez, nacido en Sevilla y pintor de cámara del rey Felipe IV. Su obra maestra es Las Meninas (1656), pero también pintó La rendición de Breda, conocida como Las lanzas, Los borrachos (El triunfo de Baco), La fragua de Vulcano y Las hilanderas, además de numerosos retratos reales. Otros grandes maestros son Francisco de Zurbarán, célebre por sus monjes y frailes de fondo austero; Bartolomé Esteban Murillo, que desarrolló su obra en Sevilla y destacó por sus representaciones de la Inmaculada Concepción y por sus escenas religiosas y de niños; y José (Jusepe) de Ribera, apodado El Españoleto, que desarrolló su carrera en Nápoles cultivando el tenebrismo y los martirios, autor de El sueño de Jacob.
La escultura barroca española se realiza en madera pintada y se denomina imaginería policromada; se destinaba a retablos y a los pasos procesionales de la Semana Santa. Sus maestros son Gregorio Fernández, gran figura de la escuela castellana en Valladolid, y Juan Martínez Montañés, maestro de la escuela sevillana, a quien se apodó el dios de la madera. Detrás del altar se levantaban grandes retablos dorados y tallados.
En arquitectura, tras un inicio sobrio de herencia herreriana, el barroco evoluciona hacia formas recargadas y exuberantes: el estilo español más ornamentado recibe el nombre de churrigueresco, por la familia Churriguera, autores de la Plaza Mayor de Salamanca. La Plaza Mayor de Madrid se atribuye principalmente a Juan Gómez de Mora.
La literatura del Siglo de Oro es igualmente brillante. Miguel de Cervantes escribe Don Quijote de la Mancha; Lope de Vega crea la comedia nueva y escribe Fuenteovejuna; Calderón de la Barca es autor de La vida es sueño. En la lírica se enfrentan dos estilos: el culteranismo o gongorismo, recargado y culto, de Luis de Góngora, y el conceptismo, agudo e ingenioso, de Francisco de Quevedo. El teatro alcanzó una enorme popularidad en los corrales de comedias, y a Lope de Vega, Calderón y Cervantes se sumaron autores como Tirso de Molina y Francisco de Quevedo, cultivador también de la novela picaresca. La imaginería policromada, concebida para conmover al fiel, se apoyaba en el realismo del gesto, en el uso de ojos de cristal, lágrimas y postizos, y en los pasos que aún hoy procesionan en la Semana Santa. Así, el Barroco español unió una realidad histórica de crisis política y económica con una cima artística y literaria sin precedentes, que justifica plenamente el nombre de Siglo de Oro.
Ampliación: bodegón, Salón de Reinos y escultura del Siglo de Oro en las colecciones estatales
El bodegón: Juan Sánchez Cotán
El bodegón o naturaleza muerta tiene en España un arranque muy temprano. El Bodegón de caza, hortalizas y frutas de Juan Sánchez Cotán, pintado en 1602 y conservado en el Museo del Prado, es el primer bodegón español con fecha y firma. Sánchez Cotán lo pintó en Toledo, donde conoció al Greco. Como todos sus bodegones conocidos, presenta los alimentos meticulosamente pintados en un hueco de ventana, y el cardo es quizá el motivo más característico de su pintura. En 1603 el pintor ingresó como hermano lego en la orden cartujana. El Museo del Prado adquirió el cuadro en 1991.
El Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro
En la década de 1630, el conde-duque de Olivares mandó construir el palacio del Buen Retiro como casa de recreo para Felipe IV, a las afueras de Madrid, junto a la iglesia de San Jerónimo el Real. En 1632 se nombró arquitecto a Alonso Carbonell, y las obras del gran salón terminaron en abril de 1635. Ese salón de ceremonias y fiestas es el Salón de Reinos, que debe su nombre a los escudos de los veinticuatro reinos de la monarquía española pintados en la bóveda.
El salón reunió veintisiete pinturas encargadas expresamente:
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doce grandes cuadros de batallas de diferentes artistas, con las victorias del reinado de Felipe IV;
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diez escenas de la vida de Hércules pintadas por Francisco de Zurbarán, presentado como supuesto fundador de la dinastía;
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cinco retratos ecuestres de Velázquez: Felipe III y Felipe IV, sus respectivas esposas y el príncipe Baltasar Carlos.
Entre los cuadros de batallas destacan La rendición de Breda, de Velázquez, y La recuperación de Bahía de Todos los Santos, de Juan Bautista Maíno, que era profesor de dibujo del rey. Maíno rompe con el patrón del resto al colocar en primer término a una mujer que atiende a un soldado herido en lugar de mostrar la propia batalla. Cinco de las victorias representadas se obtuvieron en 1625, annus mirabilis de las armas españolas; entre ellas, el socorro de Génova, pintado por Antonio de Pereda, y la defensa de Cádiz frente a los ingleses, pintada por Zurbarán. Con el tiempo, las pinturas pasaron al Museo del Prado, mientras el propio Salón se convertía en Museo del Ejército.
Velázquez y la pintura religiosa
El Cristo crucificado de Velázquez, en el Museo del Prado, se fecha hacia 1632, poco después del regreso del pintor de Italia, y procede del convento madrileño de San Plácido.
La escuela castellana: Gregorio Fernández
Gregorio Fernández nació en Sarriá (Lugo) en 1576 y murió en Valladolid en 1636. Llegó a Valladolid en 1605 y se formó con Francisco del Rincón. Fue escultor preferido de Felipe III y Felipe IV y de las grandes cofradías procesionales de Valladolid. En 1612 talló el paso llamado Sitio (tengo sed); en 1616, la Piedad realizada para la iglesia penitencial de las Angustias, hoy en el Museo Nacional de Escultura, y en 1623 El Descendimiento de la cruz, en la iglesia de la Vera Cruz de Valladolid. Creó además un tipo de Inmaculada frontal, en actitud de recogimiento místico, del que la de la catedral de Astorga (1626) es uno de sus modelos más logrados. El Cristo yacente del Museo del Prado (1625-1627) combina la madera con pasta vítrea, asta y corcho.
La escuela granadina: Pedro de Mena
Pedro de Mena (Granada, 1628-Málaga, 1688), hijo del escultor Alonso de Mena, trabajó con Alonso Cano en Granada y en 1658 marchó a Málaga para tallar la sillería del coro de la catedral. Su obra más célebre es la Magdalena penitente (1664), tallada en madera para San Felipe Neri de Madrid, casa profesa de los jesuitas: la santa contempla el crucifijo que sostiene en la mano izquierda y aparece vestida con traje de espadaña trenzada. La obra pertenece al Museo del Prado y se expone en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.
Fuentes: https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/bodegon-de-caza-hortalizas-y-frutas-sanchez-cotan/f882b3d6-bb5f-4504-acbe-50961d47696d · https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/salon-de-reinos/03fd727a-703a-4032-9df6-92a045c76be5 · https://www.museodelprado.es/en/the-collection/art-work/crucified-christ/72cbb57e-f622-4531-9b25-27ff0a9559d7 · https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/fernandez-gregorio/47e7a755-b3ec-46a0-8ba1-b7e9d9261464 · https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/mena-pedro-de/60316f71-7158-4cfa-bf40-30c3b6ac7aa5 · https://www.museodelprado.es/en/the-collection/art-work/penitent-mary-magdalene/e9373181-c0a0-4575-a100-22fdea6be6f2 · https://www.cultura.gob.es/actualidad/2019/07/190729-mena.html