La conquista romana de la Península comenzó en el año 218 a.C., durante la Segunda Guerra Púnica, con el desembarco de tropas en Emporion (Ampurias). El proceso se prolongó dos siglos y concluyó en el 19 a.C., cuando Augusto sometió a cántabros y astures. La romanización transformó el territorio con la difusión de la lengua latina, el derecho, la ciudad y una monumental red de infraestructuras.
La ciudad romana se organizaba según un trazado ortogonal en torno a dos ejes principales, el cardo y el decumano, que se cruzaban junto al foro. Para comunicar el territorio se tendió una extensa red de calzadas jalonadas de miliarios: la Vía Augusta, la más larga, unía los Pirineos con Cádiz, y la Vía de la Plata comunicaba Mérida con Astorga.
La ingeniería hidráulica dejó acueductos admirables. El de Segovia, de época altoimperial, consta de 167 arcos construidos con más de veinte mil sillares de granito colocados a hueso, sin argamasa, y alcanza en su tramo central unos 28 metros de altura. También destacan el acueducto de Los Milagros en Mérida y el de Tarragona. Entre los puentes sobresale el de Alcántara (Cáceres), sobre el Tajo, erigido en época de Trajano.
Emerita Augusta (Mérida) fue fundada en el 25 a.C. por Augusto como colonia para soldados veteranos o eméritos, y se convirtió en capital de la provincia de Lusitania. Conserva un magnífico teatro promovido por Agripa, un anfiteatro, un circo y el llamado templo de Diana. Itálica, junto a Santiponce (Sevilla), fue fundada en el 206 a.C. por Escipión el Africano y está considerada la primera ciudad romana de Hispania; fue patria de los emperadores Trajano y Adriano, cuenta con uno de los mayores anfiteatros del Imperio y con casas pavimentadas con espléndidos mosaicos, como la Casa de los Pájaros. Tarraco (Tarragona), capital de la Hispania Citerior o Tarraconense, conserva murallas, anfiteatro y foro provincial.
La escultura romana difundió el retrato realista y la imagen del togado, así como copias de originales griegos, y el mosaico decoró suelos de villas y casas por toda Hispania. En A Coruña aún funciona la Torre de Hércules, único faro de origen romano en uso en el mundo. Las villae rurales, residencias señoriales del campo, se decoraron con ricos mosaicos, como los de La Olmeda (Palencia), y en las ciudades se levantaron termas, templos, arcos y foros. Roma también dejó el trazado de muchas urbes actuales y el sustrato de las lenguas romances. Este legado, difundido durante casi seis siglos de dominio, convirtió a Hispania en una de las provincias más romanizadas del Imperio, cuna incluso de emperadores y de escritores como Séneca.