Antes de la conquista romana, la Península Ibérica estuvo habitada por un mosaico de pueblos con culturas propias. En el este y el sur, desde el Levante hasta Andalucía, se desarrolló la cultura ibérica; en el centro, norte y oeste predominaron los pueblos celtas y celtíberos, estos últimos surgidos de la fusión entre íberos y celtas. En el suroeste, en el valle del Guadalquivir, floreció Tartessos, un reino legendario por su riqueza minera y su orfebrería, cuyo rey más célebre fue Argantonio.
A partir del primer milenio a.C., dos colonizaciones mediterráneas dejaron una profunda huella: la fenicia y la griega. Los fenicios fundaron factorías comerciales como Gadir (Cádiz), Malaka o Sexi, e introdujeron el torno, el hierro, el alfabeto y nuevas técnicas artísticas; a ellos se deben los sarcófagos antropoides hallados en Cádiz. Los griegos establecieron colonias como Emporion (Ampurias) y Rhode en la costa catalana. Ambas culturas influyeron decisivamente en el arte ibérico, visible en su escultura y en su cerámica pintada.
La escultura ibérica alcanzó obras maestras. La Dama de Elche, descubierta en 1897 en el yacimiento de La Alcudia (Elche, Alicante), es un busto de piedra caliza policromada con un espectacular tocado de grandes rodetes laterales; su cavidad posterior sugiere un uso como urna cineraria. La Dama de Baza, hallada en 1971 en el Cerro del Santuario (Baza, Granada), es una figura femenina sedente sobre un trono alado, tallada en caliza policromada, del siglo IV a.C., que también sirvió de urna cineraria. La bicha de Balazote (Albacete) es un toro con cabeza humana (androcéfalo) que revela influencias orientales y griegas. Todas ellas se conservan en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
Los pueblos celtas dejaron los verracos, esculturas de granito con forma de toro o cerdo, como los célebres Toros de Guisando, en El Tiempo (Ávila), atribuidos a los vetones. En el noroeste construyeron poblados fortificados llamados castros y trabajaron el oro en joyas como los torques.
La orfebrería tartésica e ibérica fue extraordinaria. El Tesoro del Carambolo, descubierto en 1958 cerca de Sevilla, reúne veintiuna piezas de oro relacionadas con Tartessos. En los santuarios ibéricos, como los de Despeñaperros, se depositaban miles de exvotos de bronce, pequeñas figurillas de oferentes. La cerámica ibérica, elaborada a torno, se decoraba con pintura de temas geométricos, vegetales y figurados, como muestran los vasos de Liria o de Archena, y los pueblos íberos crearon armas tan características como la falcata. Este rico sustrato prerromano, en el que se mezclan tradiciones indígenas y aportaciones mediterráneas, constituye la primera gran etapa del arte en la Península y su testimonio se custodia hoy en museos como el Arqueológico Nacional.
Ampliación: piezas prerromanas clave del Museo Arqueológico Nacional
Tartessos y la orientalización: el Tesoro de Aliseda
La génesis de la cultura tartésica se explica por la asimilación de rasgos orientales por parte de la aristocracia del sur peninsular al contactar con los fenicios. El Tesoro de Aliseda, hallado en la localidad cacereña de ese nombre, está fechado en el siglo VII a.C. y apareció en un túmulo donde se enterraron, al menos, un hombre y una mujer de la aristocracia. Lo componen 285 objetos de oro, un espejo de bronce y piezas usadas en el rito funerario de la libación, entre ellas un jarrito de vidrio con una inscripción egipcia. Sus motivos son de origen oriental, pero las joyas salieron de un taller local que dominaba las técnicas fenicias del granulado, la soldadura y la filigrana. Destacan la diadema de extremos triangulares, uno de los símbolos tartésicos por excelencia, y el cinturón de placas articuladas decorado con el dios-héroe fenicio Melkart luchando contra un león.
El monumento funerario de Pozo Moro
En la necrópolis de Pozo Moro, en Chinchilla de Montearagón (Albacete), se levantó una tumba turriforme que puede considerarse el primer monumento arquitectónico de la antigua Hispania actualmente conocido. El hallazgo fue comunicado al Museo Arqueológico Nacional por el propietario de la finca, Carlos Daudén Sala. Se fecha en el siglo VI a.C. y sus relieves son imprescindibles para comprender el influjo de los mitos orientales en la mentalidad de los iberos: aparecen una figura femenina con el peinado típico de la diosa egipcia Hathor, un héroe que porta el árbol de la vida y un ser monstruoso de dos cabezas en una escena de banquete. Se cree que fue construido hacia el 500 a.C. por canteros arameos de la zona sirio-hitita y que poco después lo destruyó un terremoto.
La Gran Dama Oferente del Cerro de los Santos
Del santuario ibérico del Cerro de los Santos, en Montealegre del Castillo (Albacete), procede la Dama oferente, que apareció poco antes de 1870 junto a un gran número de esculturas oferentes. Es una figura de pie y de frente, de 135 cm, que sostiene entre sus manos un vaso de ofrendas con forma de tulipa y viste tres finas túnicas superpuestas. Estas esculturas eran exvotos que portan vasos de ofrendas para dedicarlos a la divinidad, y su fama a finales del siglo XIX fue tal que llegaron a tallarse numerosas falsificaciones.
Ritos funerarios ibéricos: Archena y Perotito
Los iberos daban gran importancia a la cremación del cadáver, cuyas cenizas se guardaban en una urna. El llamado Vaso de los Guerreros de Archena (Murcia) es un kálathos modelado a torno en la segunda mitad del siglo III a.C. y utilizado como urna cineraria del guerrero que lo encargó; sus escenas de lucha y caza exaltan al difunto. La pátera de plata del Tesoro de Perotito, en Santisteban del Puerto (Jaén), muestra en su medallón central una cabeza de lobo que devora una cabeza humana, la del difunto, que así sería transportado al Más Allá; alrededor, amorcillos cazando y centauros con instrumentos musicales evocan una concepción del paraíso de origen griego.
Los pueblos del interior y los celtíberos
Entre los siglos IX y V a.C., los pueblos de la Meseta y de los valles del Ebro, Duero y Tajo asimilaron aportaciones mediterráneas y centroeuropeas. Testimonio de ello es el soporte de brasero de Calaceite, realizado en bronce y decorado con la figura de un caballo, animal que según la tradición indoeuropea transportaba a los difuntos al más allá. El ritual funerario preferido por los pueblos célticos fue la cremación. En Aguilar de Anguita (Guadalajara) se halló el ajuar de un régulo celtibérico con un pectoral de discos de bronce, fechado entre el siglo V y principios del IV a.C., formado por un disco para el pecho y otro para la espalda.
Fuentes: https://www.man.es/man/exposiciones/recorridos-tematicos/arqueologia-muerte/5-tesoro-aliseda.html ; https://www.man.es/man/exposiciones/recorridos-tematicos/imprescindibles/aliseda.html ; https://www.man.es/man/actividades/congresos-y-reuniones/20280514-monumento-pozo-moro.html ; https://www.man.es/man/coleccion/ultimas-restauraciones/pozo-moro.html ; https://www.man.es/man/exposiciones/recorridos-tematicos/arqueologia-muerte/8-pozo-moro.html ; https://www.man.es/dam/jcr:a83c9a34-0895-4378-8473-8b2505ffb99b/man-pieza-mes-2009-05-dama-oferente.pdf ; https://www.man.es/man/exposiciones/recorridos-tematicos/arqueologia-muerte/6-vaso-guerreros.html ; https://www.man.es/man/exposiciones/recorridos-tematicos/arqueologia-muerte/7-patera-perotito.html ; https://www.man.es/man/exposiciones/recorridos-tematicos/arqueologia-muerte/4-soporte-calaceite.html ; https://www.man.es/man/exposiciones/recorridos-tematicos/arqueologia-muerte/10-pectoral-anguita.html