Para un servicio de bomberos es esencial saber cómo se comportan ante el fuego los materiales y elementos de un edificio, porque trabaja dentro de él. El CTE define edificio como una construcción fija, hecha con materiales resistentes, destinada a habitación humana o a otros usos, y estructura como el conjunto de elementos conectados cuya misión es resistir las acciones previsibles y aportar rigidez.
Elementos estructurales: cimentaciones (transmiten las cargas al terreno), pilares (verticales, de sección pequeña frente a su altura), vigas (horizontales), jácenas (vigas que reciben otras vigas), forjados y cubiertas (suelos y techos; cubierta si es la última planta) y muros de carga (verticales, que además cierran y compartimentan). Hay tres tipologías generales: entramado o pórticos (pilares y forjados; la habitual en bloques de viviendas), muros y techos (la de las construcciones antiguas y muchas unifamiliares) y cerchas (grandes luces, propia de naves industriales). La crujía es el espacio entre dos muros de carga o dos alineaciones de pilares; la primera crujía es la más próxima a fachada.
Elementos no estructurales (no sostienen el edificio): escaleras, balcones, falsos techos, bovedillas, alfarjías, tabiques, fachadas, galerías de instalaciones y pretiles.
Las estructuras soportan esfuerzos axiales (compresión y tracción; un elemento muy esbelto comprimido pandea), cortantes, de flexión (la flecha es la máxima desviación de una viga respecto a la horizontal) y de torsión. Entre las acciones accidentales que debe soportar un edificio está el incendio.
Resistencia al fuego. Es la capacidad de un elemento constructivo para soportar la acción del fuego durante un tiempo determinado manteniendo la seguridad estructural, la estanqueidad y el aislamiento. Afecta a dos tipos de componentes:
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Los estructurales (vigas, pilares, forjados, cubiertas) deben conservar su capacidad portante sin colapsos ni deformaciones excesivas.
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Los compartimentadores (tabiques, puertas, vidrios, sellados) deben impedir durante un tiempo que el incendio pase a su través, comprobándose su integridad y su aislamiento térmico.
Este comportamiento se acredita mediante ensayos normalizados (normas UNE-EN 1363-1, 1363-2 y 1363-3), que fijan el horno, las propiedades a medir y la curva normalizada temperatura-tiempo que simula un incendio de interior: T = 20 + 345 · log₁₀ (8t + 1). Existen otras curvas para casos concretos.
La protección que aportan estas características es protección pasiva: funciona por sí misma, sin intervención humana. Persigue confinar el fuego y sus efectos en un sector de incendio delimitado por elementos resistentes. Hay que tener presente que muchos edificios anteriores a la normativa actual, o mal conservados, no garantizan esa resistencia.