Conceptos básicos:
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Crisis: suceso que amenaza con romper el equilibrio personal y obliga a poner en marcha todas las estrategias de afrontamiento.
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Urgencia: requiere intervenir pronto; es subjetiva (lo que para uno es urgente, para otro no).
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Emergencia: peligro o desastre que exige actuar de inmediato porque hay riesgo de muerte.
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Vulnerabilidad: predisposición de cada persona ante una amenaza concreta, marcada por factores genéticos, ambientales, culturales-educativos y económicos.
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Primeros auxilios psicológicos: intervenciones organizadas, con objetivos definidos, que cualquier interviniente formado puede aplicar a la vez que rescata y asiste.
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Intervención en crisis: más específica, suele hacerla un psicólogo o un trabajador social, y puede durar meses o años.
Niveles de afectados: I, víctimas directas; II, familiares y allegados; III, quienes intervienen; IV, personas vinculadas a la organización o comunidad afectada; V, personas emocionalmente vulnerables. Los profesionales son víctimas de nivel III: también se ven afectados, y los primeros auxilios psicológicos se dirigen igualmente a ellos.
Características del trabajo en emergencias:
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Se trabaja en equipos interdisciplinares (bomberos, policía, sanitarios, protección civil) e intradisciplinares (la propia guardia). Cada entidad necesita un mando que se relacione con las demás; ayudan conocer las funciones de los otros servicios y hacer cursos, simulacros y reuniones conjuntas.
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El siniestro se divide en área de salvamento (rescate y control), área de socorro (triaje sanitario y psicológico, puesto médico avanzado, carga de ambulancias; los psicólogos acompañan a los ilesos o «verdes» hacia la base y atienden emergencias psicológicas) y área de base (vehículos y ambulancias; allí los psicólogos se ocupan de las familias, de reunirlas y de las urgencias psicológicas).
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En desastres o catástrofes se monta además un centro de información a familiares con salas de espera, servicios, sala de psicólogos, espacios para la policía judicial, reconocimiento fotográfico, objetos personales e identificación y depósito de cadáveres. Los espacios de gestión de cadáveres son importantes porque ayudan a iniciar el duelo, y en ellos un psicólogo acompaña a cada familia.
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Las emergencias son noticia: hay que mantener una relación correcta con los medios a través de personas designadas que fijen momentos y lugares de contacto. Cuidado con las redes sociales: hay quien se entera de la muerte de un familiar por fotos subidas en el momento.
Comunicación. Comunicarse bien se aprende. Principios: es imposible no comunicar (el silencio también comunica); lo que queremos decir y lo que el otro entiende pueden no coincidir; y una misma situación se ve de forma distinta según quién la mire. El estilo más adecuado ante personas agresivas, enfadadas o manipuladoras y ante presiones institucionales es el asertivo: expresar con libertad y claridad deseos, sentimientos y necesidades para lograr los objetivos, respetando el punto de vista ajeno. La escucha activa es imprescindible: en emergencias, el 80 % de la comunicación es escuchar y el 20 % hablar. La empatía es ponerse en el lugar del otro, entenderlo como él se entiende y transmitírselo sin juzgar; pero no es sufrir con el afectado: hay que ayudarle desde el propio bienestar y no llevarse sus problemas a casa.
El duelo. Proceso natural de adaptación ante una pérdida (un ser querido, una parte del cuerpo, la salud, la casa, el trabajo, una relación). Un interviniente en duelo es más vulnerable. El contacto con la muerte y el sufrimiento le recuerda la fragilidad humana y la propia muerte, y eso genera emociones. Tareas del duelo: aceptar la pérdida, expresarla (tristeza, miedo, enfado, culpa), aprender a vivir sin lo perdido y establecer un nuevo vínculo que permita recordar sin tanto dolor.