Cada agente extintor es adecuado para determinadas clases de fuego. El agua es el agente idóneo para los fuegos de clase A (sólidos). El polvo ABC o polivalente sirve para fuegos de clases A, B y C. El dióxido de carbono (CO2 o nieve carbónica) se emplea sobre todo en presencia de riesgo eléctrico. Los fuegos de clase F (aceites y grasas de cocina) se extinguen con agentes químicos húmedos que actúan por saponificación.
Existen incompatibilidades importantes: en presencia de corriente eléctrica no son aceptables como agentes extintores el agua a chorro ni la espuma, por riesgo de electrocución; el CO2 no debe utilizarse en fuegos de metales (clase D); y el agua a chorro no debe usarse sobre líquidos (clase B), porque los dispersa y extiende el incendio.
Los métodos de extinción actúan sobre cada factor del fuego: el enfriamiento elimina el calor (agente típico, el agua); la sofocación elimina o desplaza el oxígeno (CO2, espuma, mantas); la desalimentación retira el combustible (por ejemplo, cerrar la llave del gas); y la inhibición rompe la reacción en cadena (polvo químico).