En una emergencia sanitaria la vida de la persona depende de que se actúe deprisa, y por eso quien interviene debe estar formado y entrenado en soporte vital básico.
Pautas generales de actuación ante víctimas:
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Estar preparado antes del aviso: vehículos a punto, material correcto y equipo uniformado.
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Acudir al lugar por el camino más seguro y rápido.
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Identificar los riesgos para el equipo y para el paciente (estabilidad del vehículo, líquidos inflamables, humo, fuego…). El equipo sanitario no entra en la zona de impacto hasta que bomberos y policía hayan controlado esos riesgos.
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Hacer una evaluación rápida y ordenada de la escena y del paciente. Primero, lo que puede causar la muerte (inconsciencia, falta de respiración, vía aérea obstruida, escenario inseguro); después, lo que puede costar un miembro o su función (atrapamiento, síndrome de aplastamiento…); y al final, lo que no compromete la vida (ansiedad…).
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Transmitir con claridad la valoración inicial al centro coordinador de emergencias.
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Prestar los primeros auxilios y seguir sus pautas hasta que llegue el equipo sanitario.
El escenario. La información del centro coordinador, la observación de la escena y lo que cuentan testigos y familiares dan la visión general. Hay dos elementos clave:
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Seguridad. El profesional no debe convertirse en una víctima más: resuelve los peligros y se autoprotege antes de acercarse. Mover a una víctima puede agravar sus lesiones, así que solo se la traslada de una zona insegura a otra segura si es imprescindible. Hay que valorar amenazas como fuego, explosivos, armas, tráfico o el ambiente, y si familiares o curiosos son un riesgo.
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Situación. Cómo ocurrió, cuántos heridos hay, si hacen falta más recursos, cómo están los testigos y qué condiciones de trabajo ofrece el lugar (sombra, protección frente a la lluvia…).
Evaluación primaria: método ABCDE. Sirve para detectar las situaciones de riesgo vital. La guía de primeros auxilios del Consejo Europeo de Resucitación (ERC) de 2025 recomienda el método ABCDE y pide atender de inmediato a la seguridad, a si la víctima responde y a la hemorragia que amenaza la vida. Se sigue un orden y no se pasa al paso siguiente sin resolver el anterior:
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Seguridad: comprobar que es seguro acercarse (tráfico, productos químicos derramados, personas violentas).
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Respuesta: estimularla con suavidad y preguntarle en voz alta si está bien.
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Hemorragia que amenaza la vida: detenerla con presión manual directa, con apósitos normales o hemostáticos o con un torniquete (ver hemorragias). La guía coloca su control antes incluso de la vía aérea.
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A — Vía aérea: abrirla con la maniobra frente-mentón; si se sospecha lesión cervical (caída desde altura, traumatismo grave), con la tracción de la mandíbula y la cabeza estabilizada. Mirar si hay algún fragmento dentro de la boca.
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B — Respiración: comprobar si respira (ver si el pecho sube y baja, oír la respiración, sentir el aire). Si no respira, llamar al sistema de emergencias e iniciar la RCP; si está en un vehículo, extraerlo con control cervical.
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C — Circulación: buscar signos de shock: frecuencia cardiaca muy rápida o muy lenta, piel pálida, fría o húmeda, mareo o confusión.
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D — Nivel de respuesta: valorarlo con la escala ACVPU (alerta, confusión, responde a la voz, responde al dolor, no responde).
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E — Exposición: revisar todo el cuerpo en busca de lesiones, medir la temperatura central si se puede y evitar la hipotermia (quitar la ropa mojada y abrigar con mantas).
Control cervical. Si se sospecha lesión cervical, se estabiliza la cabeza con las dos manos: sujetándola entre ellas, con los pulgares por encima de las orejas y el resto de los dedos por debajo, sin taparlas, o sujetándola por el trapecio (ver lesión de columna).
Además: abrigar a la víctima; si hay reanimación, mantener las compresiones hasta que llegue el equipo de emergencias; ayudar a caminar con técnicas seguras a quien pueda hacerlo; mantener el control cervical hasta la llegada del equipo médico y vigilar cualquier cambio en su estado.