La seguridad contra incendios se articula en dos grandes líneas complementarias. La protección pasiva agrupa los métodos, materiales e instalaciones incorporados al propio edificio no para extinguir el fuego, sino para dificultar su acción y su propagación —de modo que pueda controlarse su avance— y facilitar la evacuación; algunos funcionan sin que nadie los accione, como las puertas cortafuegos de cierre automático o los exutorios que se abren solos para evacuar el humo. Son medidas pasivas la resistencia al fuego de la estructura y de los elementos constructivos, la sectorización en compartimentos que confinan el incendio, las puertas cortafuegos, las vías y salidas de evacuación o la señalización. La protección activa comprende los medios que actúan cuando el incendio ya se ha declarado, como los sistemas de detección y alarma, los extintores, las bocas de incendio equipadas, los rociadores y demás instalaciones de extinción. Junto a ambas se sitúa la prevención, orientada a evitar que el fuego llegue a producirse. La mayoría de los incendios tienen causas conocidas y evitables, ligadas a actos inseguros o a condiciones deficientes de las instalaciones. Como normas básicas de prevención en un edificio público conviene mantener el orden y la limpieza, almacenar por separado los productos inflamables, no sobrecargar los enchufes ni las regletas, alejar los focos de calor de los materiales combustibles, revisar las instalaciones eléctricas y de gas, desconectar al final de la jornada los aparatos que no deban permanecer encendidos, no obstaculizar en ningún momento los recorridos de evacuación ni el acceso a extintores, bocas y cuadros eléctricos, respetar la prohibición de fumar y familiarizarse con los medios de lucha contra incendios y las vías de evacuación de la propia zona.
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Tema 20: La protección contra incendios
La Protección contra incendios: concepto. La prevención de incendios. Protección pasiva. La Respuesta al incendio. Protección activa: conceptos. Materiales de construcción: conceptos elementales. Elementos constructivos en la construcción: concepto. Reacción al fuego de los materiales: concepto y características. Resistencia al fuego de los elementos constructivos: concepto y características.
Temario de este tema actualizado el 13 de octubre de 2026. Regístrate para recibir actualizaciones cuando la legislación cambie.
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Seguridad e Incendios
Seguridad en Edificios Públicos y Prevención de Incendios (nociones para Auxiliar de Servicios)
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Maniobras Extincion Incendios Bomberos
Maniobras básicas de control y extinción de incendios (teoría de Vence)
Elementos constructivos de los edificios y concepto de resistencia al fuego
Para un servicio de bomberos es esencial saber cómo se comportan ante el fuego los materiales y elementos de un edificio, porque trabaja dentro de él. El CTE define edificio como una construcción fija, hecha con materiales resistentes, destinada a habitación humana o a otros usos, y estructura como el conjunto de elementos conectados cuya misión es resistir las acciones previsibles y aportar rigidez.
Elementos estructurales: cimentaciones (transmiten las cargas al terreno), pilares (verticales, de sección pequeña frente a su altura), vigas (horizontales), jácenas (vigas que reciben otras vigas), forjados y cubiertas (suelos y techos; cubierta si es la última planta) y muros de carga (verticales, que además cierran y compartimentan). Hay tres tipologías generales: entramado o pórticos (pilares y forjados; la habitual en bloques de viviendas), muros y techos (la de las construcciones antiguas y muchas unifamiliares) y cerchas (grandes luces, propia de naves industriales). La crujía es el espacio entre dos muros de carga o dos alineaciones de pilares; la primera crujía es la más próxima a fachada.
Elementos no estructurales (no sostienen el edificio): escaleras, balcones, falsos techos, bovedillas, alfarjías, tabiques, fachadas, galerías de instalaciones y pretiles.
Las estructuras soportan esfuerzos axiales (compresión y tracción; un elemento muy esbelto comprimido pandea), cortantes, de flexión (la flecha es la máxima desviación de una viga respecto a la horizontal) y de torsión. Entre las acciones accidentales que debe soportar un edificio está el incendio.
Resistencia al fuego. Es la capacidad de un elemento constructivo para soportar la acción del fuego durante un tiempo determinado manteniendo la seguridad estructural, la estanqueidad y el aislamiento. Afecta a dos tipos de componentes:
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Los estructurales (vigas, pilares, forjados, cubiertas) deben conservar su capacidad portante sin colapsos ni deformaciones excesivas.
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Los compartimentadores (tabiques, puertas, vidrios, sellados) deben impedir durante un tiempo que el incendio pase a su través, comprobándose su integridad y su aislamiento térmico.
Este comportamiento se acredita mediante ensayos normalizados (normas UNE-EN 1363-1, 1363-2 y 1363-3), que fijan el horno, las propiedades a medir y la curva normalizada temperatura-tiempo que simula un incendio de interior: T = 20 + 345 · log₁₀ (8t + 1). Existen otras curvas para casos concretos.
La protección que aportan estas características es protección pasiva: funciona por sí misma, sin intervención humana. Persigue confinar el fuego y sus efectos en un sector de incendio delimitado por elementos resistentes. Hay que tener presente que muchos edificios anteriores a la normativa actual, o mal conservados, no garantizan esa resistencia.
Clasificación de la resistencia al fuego (RD 842/2013)
La clasificación de los productos y elementos de construcción según su comportamiento frente al fuego (reacción y resistencia) la regula el Real Decreto 842/2013, de 31 de octubre. La clasificación de resistencia se expresa con letras y números.
Criterios principales medidos en el ensayo:
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R – Capacidad portante. Se cumple respetando los límites de deformación y de velocidad de deformación. En elementos a flexión (vigas, forjados) se mide en el punto de máxima flecha; en elementos verticales comprimidos (pilares, muros), como acortamiento o alargamiento respecto a la altura inicial. Se registra cada minuto desde el inicio.
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E – Integridad. El elemento no debe dejar pasar llamas ni gases calientes. Se comprueba con tres pruebas: que no se inflame un tampón de algodón en la cara no expuesta; que no pase una galga de 6 mm por una abertura de 150 mm de ancho ni una galga de 25 mm por ningún punto; y que no haya llama sostenida en la cara no expuesta.
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I – Aislamiento térmico. En la cara no expuesta, la temperatura media no puede subir más de 140 °C sobre la media inicial, ni ningún punto más de 180 °C sobre ella. En puertas se usa I2, con condiciones de ensayo algo distintas.
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W – Atenuación de la radiación: la radiación a través del elemento debe ser inferior a 15 kW/m². Quien cumple I cumple también W.
Criterios adicionales:
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M – Acción mecánica: resiste un impacto tras el ensayo sin perder R, E o I.
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C – Cierre automático: el cierre funciona sin alimentación eléctrica tras un número de ciclos según su categoría, de C0 a C5; C5, la más exigente, se ensaya tras 200.000 ciclos.
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S – Estanqueidad al humo: Sa (humo a temperatura ambiente) o S200 (a 200 °C).
Otros menos frecuentes: G (resistencia al fuego de hollín en chimeneas), K (capacidad de protección de revestimientos), F (funcionamiento de extractores mecánicos de humo), B (funcionamiento de exutorios), P o PH (continuidad de la alimentación eléctrica o de la transmisión de la señal), D (durabilidad de barreras de humo a una temperatura fija; en España, D600, es decir, 600 °C) y DH (durabilidad según la curva temperatura-tiempo).
Cómo se lee la clasificación: primero la combinación de R, E, I o W; después el tiempo durante el que se cumplen, que solo puede tomar los valores normalizados (en minutos) que fija el anexo III del RD 842/2013: 15, 20, 30, 45, 60, 90, 120, 180, 240 y 360 (y 10 en algunos productos, como los revestimientos de protección K); a continuación, si los tiene, los criterios M, C o S; y, si el ensayo no siguió la curva estándar, se indica la curva: IncSlow (calentamiento lento), sn (fuego seminatural), ef (fuego exterior) o r (temperatura constante).
Ejemplos: un pilar R 90 mantiene la capacidad portante 90 minutos; una pared sectorizadora EI 120 conserva integridad y aislamiento 120 minutos; una puerta EI2 60-C5 cumple integridad y aislamiento I2 durante 60 minutos y tiene cierre automático de la categoría más exigente.
Exigencias normativas de resistencia al fuego y sectorización (CTE y RSCIEI)
Las condiciones de seguridad contra incendios de los edificios (estructura, sectorización, evacuación, combustibilidad de materiales, instalaciones, control de humo y accesibilidad para bomberos) las fijan dos normas, según el uso:
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Código Técnico de la Edificación (CTE, aprobado por el Real Decreto 314/2006), con su Documento Básico de Seguridad en caso de Incendio (DB-SI): para usos no industriales (administrativo, comercial, docente, aparcamiento, hospitalario, pública concurrencia, residencial…).
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RSCIEI, el reglamento estatal de seguridad contra incendios para la industria, hoy el aprobado por el Real Decreto 164/2025 (que derogó el Real Decreto 2267/2004 con efectos desde el 10 de mayo de 2025): para el uso industrial, es decir, actividades industriales, almacenes industriales, talleres de reparación de vehículos y sus servicios auxiliares. Entre los almacenes industriales cuentan los ligados al transporte y los almacenes logísticos cuya carga de fuego total ponderada y corregida sea igual o superior a tres millones de megajulios (arts. 2 y 3).
En ambos casos, a mayor riesgo (uso, altura, ocupación, sentido de la evacuación), mayor protección.
Uso no industrial (CTE). Se limita el tamaño máximo del sector de incendio según el uso (esas superficies pueden duplicarse si el sector está protegido con una instalación automática de extinción, DB-SI, sección SI 1, apartado 1.1), y se fijan la resistencia mínima de los elementos sectorizadores, la de la estructura y la de los locales de riesgo especial (bajo, medio o alto), que tienen exigencias superiores al resto del edificio.
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Puertas entre sectores (tabla 1.2 de la sección SI 1): EI2 t-C5, siendo t la mitad del tiempo de resistencia exigido a la pared en que se encuentran, o la cuarta parte cuando el paso se hace a través de un vestíbulo de independencia y de dos puertas. Deben estar cerradas en caso de incendio: con cierre automático si suelen estar cerradas, con selector de cierre si son de dos hojas, o con retenedores electromagnéticos que las liberan al activarse la detección si deben permanecer abiertas. Se ensayan con su marco y suelen llevar un burlete intumescente.
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Medianerías: los elementos verticales separadores de otro edificio, al menos EI 120 (sección SI 2, apartado 1.1). En el encuentro de un forjado sectorizador con la fachada, esta debe ser al menos EI 60 en una franja de 1 m de altura, reducible en lo que sobresalga un elemento apto para impedir el paso de las llamas (SI 2, apartado 1.3).
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Cubiertas (SI 2, apartado 2): resistencia REI 60 como mínimo en una franja de 0,50 m medida desde el edificio colindante y en una franja de 1 m sobre el encuentro con la cubierta de todo elemento compartimentador de un sector o de un local de riesgo especial alto; como alternativa, se prolonga la medianería o el elemento compartimentador 0,60 m por encima del acabado de la cubierta.
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Fachadas (SI 2, apartado 1): la reacción al fuego de los sistemas constructivos que ocupen más del 10 % de su superficie será D-s3,d0 hasta 10 m de altura, C-s3,d0 hasta 18 m y B-s3,d0 por encima de 18 m; si la fachada no supera 18 m y su arranque inferior es accesible al público, al menos B-s3,d0 hasta 3,5 m de altura.
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Estructura (tabla 3.1 de la sección SI 6): por ejemplo, en residencial, docente o administrativo, R 60, R 90 o R 120 según la altura de evacuación (hasta 15 m, hasta 28 m o más) y R 120 en sótano; en comercial, pública concurrencia u hospitalario, R 90, R 120 o R 180 y R 120 en sótano. Las zonas de riesgo especial integradas exigen R 90, R 120 o R 180 según su riesgo sea bajo, medio o alto (tabla 3.2).
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Cubiertas ligeras (carga permanente debida solo a su cerramiento no superior a 1 kN/m², no previstas para la evacuación y a no más de 28 m de la rasante): su estructura principal, y los elementos que solo la sustentan, pueden ser R 30 si su fallo no daña gravemente edificios próximos ni compromete las plantas inferiores ni la sectorización (SI 6, apartado 3.2). Para los bomberos supone poca seguridad: pueden desplomarse durante la intervención.
Fallos habituales de sectorización: tabiques que mueren en el falso techo sin llegar al forjado, pasos de instalaciones mal sellados (se resuelven con sellados de bandejas, collarines y anillos intumescentes, almohadillas…) y conductos de ventilación que atraviesan sectores.
Uso industrial (RSCIEI, RD 164/2025, anexo I). Cada edificio o espacio abierto del establecimiento se caracteriza por su configuración: tipo A (ocupa parcialmente un edificio con otros establecimientos; AV o AH según la separación con ellos sea vertical u horizontal), B (ocupa totalmente un edificio adyacente o a 3 m o menos de edificios de otro establecimiento), C (ocupa totalmente uno o varios edificios a más de 3 m del edificio más próximo de otros establecimientos) y D (espacio abierto, descubierto o cubierto por estructuras que carecen total o parcialmente de cerramientos laterales, con unas aberturas mínimas). Y cada sector o área por su nivel de riesgo intrínseco, calculado con la densidad de carga de fuego ponderada y corregida (Qs): bajo (niveles 1-2, hasta 850 MJ/m²), medio (3-5, hasta 3.400 MJ/m²) o alto (6-8) (tabla 1.3.1). Con ambos datos se obtienen sector máximo, resistencia de los sectorizadores y de la estructura. Las exigencias para la estructura de algunas naves son escasas: en la estructura principal de una cubierta ligera de un edificio tipo C de riesgo bajo no se exige justificar resistencia al fuego (tabla 2.5.2 del anexo II). En naves de acero hay que extremar las precauciones. Los establecimientos existentes antes de este reglamento siguen rigiéndose por la norma con la que se construyeron, salvo ampliaciones o reformas que aumenten su superficie o su riesgo y salvo en mantenimiento e inspecciones (disposición transitoria primera).
Reacción al fuego: euroclases
La reacción al fuego describe cuánto contribuye un material a iniciar y propagar un incendio. Mientras la resistencia al fuego busca limitar los daños de un incendio ya declarado (sectorizar y permitir evacuar e intervenir), las exigencias de reacción son preventivas: que el fuego no empiece o que avance despacio y no llegue a zonas delicadas como los recorridos de evacuación. La clasificación se basa en ensayos y en el sistema europeo de euroclases, que sustituyó a la antigua clasificación española (M0-M4).
Nomenclatura.
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Una letra indica la combustibilidad creciente: A1, A2, B, C, D, E y F. A1 es incombustible; E, muy combustible; F corresponde a productos sin comportamiento determinado.
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Un subíndice indica la ubicación: sin subíndice, paredes y techos; FL, suelos; L, aislamiento de tuberías.
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Producción de humo: s1, s2 o s3, de menor a mayor.
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Gotas o partículas inflamadas: d0, d1 o d2, de menor a mayor (no se aplica a suelos).
En cables eléctricos existe una clasificación propia (de Aca a Fca) que añade a humos y gotas la acidez de los humos (a1, a2, a3); las clases exigibles las fija la reglamentación correspondiente. Para cubiertas ante un fuego exterior, en España se aplica el ensayo 1 (acción de una pavesa en llamas), con dos clases: BROOF(t1) y FROOF(t1) (comportamiento no determinado) (RD 842/2013, anexo II, apartado 2.1).
Productos clasificados sin ensayo. El RD 842/2013 recoge materiales cuya clase se acredita cumpliendo sus especificaciones, sin ensayar. Son, por ejemplo, incombustibles (clase A1): arcilla, perlita y vermiculita expandidas, lana mineral, vidrio, hormigón, cemento y fibrocemento, cal, áridos de origen mineral, hierro y acero, cobre, zinc, aluminio y plomo (salvo finamente divididos), yeso, morteros con conglomerantes inorgánicos, piezas de arcilla cocida, piedra natural, pizarra y terrazo. Otros valores de referencia:
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Placas de yeso laminado: A2-s1 d0 o B-s1 d0, según espesor, densidad y gramaje del cartón.
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Tableros derivados de la madera: casi todos en D-s2 d0, D-s2 d1, D-s2 d2, DFL-s1, E o EFL.
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Madera estructural (densidad media mínima de 350 kg/m³ y espesor de 22 mm o más): D-s2 d0. Madera laminada encolada (más de 380 kg/m³ y 40 mm): D-s2 d0. Revestimientos murales de madera maciza (más de 390 kg/m³): D-s2 d0.
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Suelos: madera maciza de roble, haya o píceas con acabado superficial, CFL-s1; otros suelos de madera maciza, DFL-s1; laminados, linóleos, PVC o caucho, EFL.
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Pueden considerarse BROOF(t1) sin ensayo pizarras, tejas, fibrocemento y chapas metálicas perfiladas o planas.
El resto de productos debe ensayarse en un laboratorio acreditado, y el producto no puede suministrarse ni recibirse en obra más de 5 años después de la fecha del informe de ensayo si se refiere a la reacción al fuego, ni más de 10 años si se refiere a la resistencia (art. 2 del RD 842/2013). Algunos materiales mejoran su clase con aditivos ignífugos, como el poliestireno expandido de las bovedillas.
Establecimientos industriales (RSCIEI, RD 164/2025, anexo II). Los revestimientos deben ser al menos (tabla 2.1.4): en zonas ocupables, paredes y techos C-s2,d0 y suelos CFL-s1; en pasillos y escaleras protegidos, B-s1,d0 y CFL-s1; en aparcamientos y sectores de riesgo intrínseco alto, B-s1,d0 y BFL-s1; en espacios ocultos no estancos (patinillos, falsos techos, suelos elevados), B-s3,d0 y BFL-s2. Los lucernarios de grandes dimensiones en cubierta, siempre B-s1,d0. Los sistemas constructivos de fachada, D-s3,d0 hasta 10 m de altura, C-s3,d0 hasta 18 m y B-s3,d0 por encima (sección 2, apartado 1.5).
Comportamiento al fuego de las estructuras de hormigón armado y de acero
Un incendio calienta la estructura por convección y radiación desde los gases calientes y, con el calor, todas las estructuras se deforman. Dos conceptos ayudan a valorar el riesgo:
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Temperatura crítica: aquella a la que la capacidad mecánica de un elemento cae por debajo de la necesaria para soportar sus cargas.
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Carga crítica: la que un elemento puede soportar a una temperatura dada.
En un edificio dañado por el fuego, la intervención sigue tres fases: reconocer los signos externos de las lesiones, diagnosticar su gravedad y aplicar las medidas correctoras provisionales de emergencia necesarias.
Hormigón armado. Es incombustible (A1) y tiene baja conductividad térmica: aunque la superficie esté muy caliente, el interior permanece mucho más frío, de modo que durante un tiempo el hormigón protege a las armaduras. Empieza a perder resistencia a compresión por encima de los 100 °C (a 200 °C conserva en torno al 95 %); hacia los 400 °C la pérdida de resistencia es del 15 al 25 %, a los 800 °C conserva solo en torno al 15-27 % de su resistencia a compresión (según el árido), y se debilita aún más al enfriarse. Comparado con el acero de pretensado, pierde mucho menos: cuando el hormigón ha perdido un 35 %, ese acero ha perdido un 70 %. Sus principales daños son:
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Pérdida de adherencia entre armaduras y hormigón: el calor llega al acero, que se dilata y agrieta el hormigón.
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Spalling o desprendimiento explosivo del recubrimiento: el agua intersticial se vaporiza, la presión aumenta y saltan trozos, a veces con violencia.
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Pérdida de resistencia del hormigón, que empieza por encima de los 100 °C y es importante desde los 400 °C, y de las armaduras por encima de 250 °C.
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Daño de juntas y sellados, que en algunas estructuras puede llevar al colapso.
En forjados de viguetas, lo primero que suele romperse y caer son las bovedillas, lo que no indica pérdida de resistencia, porque no son estructurales. Si el fuego avanza, el hormigón se disgrega y las armaduras quedan a la vista y se doblan; en casos extremos el forjado queda sostenido solo por la capa de compresión, sin capacidad estructural.
Acero estructural. Es incombustible (A1), pero con gran conductividad térmica, por lo que transmite el calor a otras zonas y puede originar nuevos focos. Aunque funde hacia los 1.500 °C, pierde resistencia mucho antes de llegar a ese punto: al calentarse se dilata con facilidad y, en proporción a la carga que soporta, empieza a pandear y ceder, arrastrando a otros elementos. Esa temperatura crítica ronda normalmente los 500 °C, aunque hay aceros que llegan a 600 °C o más. Un incendio provoca en una estructura metálica pérdida de capacidad mecánica, dilataciones que cargan apoyos y uniones si están impedidas, y el posible colapso, a veces en muy poco tiempo. Al ser incombustible da una falsa sensación de seguridad.
El tiempo en alcanzar la temperatura crítica depende del factor de forma o masividad: la relación entre la superficie expuesta al fuego y el volumen del elemento (o entre el perímetro expuesto y la sección). Las piezas gruesas aguantan más que las delgadas: una nave de cerchas o vigas de celosía sin proteger resiste mucho menos que otra de pórticos. A igual sección, los perfiles tubulares o en cajón se calientan más despacio que los abiertos.
Por eso el acero suele protegerse: morteros (protección alta, pero añaden peso y se reparan con dificultad), placas (protección alta, peso importante, instalación compleja en nudos y uniones) y pinturas intumescentes, que con el calor se hinchan y forman una espuma aislante.
Comportamiento al fuego de la madera y de los elementos no estructurales
Madera. Está compuesta sobre todo por celulosa y lignina (carbono, hidrógeno y oxígeno), lo que la hace combustible. Expuesta a un incendio desarrollado, su superficie arde con rapidez y forma una capa carbonizada; bajo ella hay una zona en pirólisis y, más adentro, madera intacta. La capa carbonizada es unas 6 veces más aislante que la madera, por lo que el interior se mantiene frío y con sus propiedades. La madera pierde capacidad portante sobre todo por reducción de sección, no porque el material pierda resistencia.
Etapas de su degradación según la temperatura:
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Hasta 200 °C: deshidratación, con desprendimiento de CO₂, vapor de agua, ácido acético y algo de ácido fórmico; pérdida rápida de peso y, hacia los 100 °C, ligera carbonización. Las oxidaciones apenas son exotérmicas y no hay ignición.
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De 200 a 280 °C: las oxidaciones pasan a ser claramente exotérmicas; hacia los 280 °C aparecen llamas (punto de inflamación de la madera).
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De 280 a 500 °C: pirólisis intensa y exotérmica, con gran desprendimiento de gases (monóxido de carbono, metano, formaldehído, metanol, hidrógeno, alquitranes) que atraviesan la capa carbonosa.
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Por encima de 500 °C: la capa carbonosa arde (color cereza) y se consume; el proceso sigue hasta los 1.000 °C (rojo amarillento), avanzando al mismo ritmo que el calor penetra, hasta destruir la pieza.
La profundidad carbonizada crece de forma lineal con el tiempo: es la velocidad de carbonización, que permite estimar la sección residual. La madera es menos peligrosa de lo que se cree, porque conduce mal el calor y su carbonización frena la salida de gases y la entrada de calor. Sus puntos débiles son las uniones, donde las juntas o los herrajes metálicos favorecen una carbonización más profunda; tras el incendio puede haber pudriciones. Las construcciones anteriores al cálculo estructural (principios del siglo XX) suelen estar sobredimensionadas y muchas vigas resisten bien; el riesgo de colapso aparece cuando la pérdida de sección es grande.
Elementos no estructurales. No sostienen el edificio, pero sus lesiones son aparatosas y pueden caer. Hay que evaluarlos y, si es necesario, desmontarlos o demolerlos con herramientas manuales:
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Falsos techos: muy frágiles al calor, se agrietan con facilidad. Suelen ser incombustibles o de poca contribución (A2 o B), pero su resistencia EI es muy limitada y en su interior puede haber materiales inflamables que comunican estancias. Hay que comprobar su fijación.
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Tabiques: de ladrillo o placas de yeso laminado (a veces con aislantes dentro), se agrietan y derrumban con facilidad; su resistencia depende del material y del espesor.
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Bovedillas: de hormigón, cerámica (A1) o poliestireno expandido; se agrietan y caen fácilmente. Las de poliestireno pueden producir mucho humo tóxico si no están protegidas (capa de yeso o placas resistentes al fuego).
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Alfarjías: viguetas de madera de poca sección que sostienen el ladrillo en los forjados de «ladrillo por tabla»; por su poca sección se queman enteras, y hay que revisar si quedan ladrillos sin sujeción.
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Equipos Medios Extincion Bomberos
Equipos y medios móviles de control y extinción de incendios (teoría de Vence)
Abastecimiento de agua: hidrantes
El hidrante es un dispositivo hidráulico situado en el exterior de los edificios que suministra agua a mangueras o monitores acoplados directamente, o a las cisternas y bombas de los vehículos de extinción.
Tipos (normas UNE):
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Hidrante de columna (UNE-EN 14384). Columna unida a la red general que sobresale del suelo; se designa con las siglas CHE («columna hidrante al exterior»). Puede ser de columna húmeda, con el cuerpo siempre lleno de agua, o de columna seca, que solo se llena al usarlo.
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Hidrante bajo nivel de tierra (UNE-EN 14339). Alojado en una arqueta con tapa y cerco de fundición; diámetro de 80 o 100 mm y posible drenaje. La norma no fija sus salidas, pero en el de 100 mm lo habitual es una boca de 100 mm o dos de 70 mm. El agua se toma mediante codos o tomas de hidrante.
Partes del hidrante de columna:
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Cabeza: parte visible que soporta el resto.
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Bocas de salida: con racor para las mangueras; su eje es horizontal o inclinado hacia abajo entre 60° y 90° respecto a la vertical.
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Mecanismo de accionamiento: permite abrir y cerrar manualmente.
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Conjunto de cierre: válvula de asiento que cierra en el mismo sentido que el flujo. En los secos, la válvula está junto a la conexión con la tubería general; en los húmedos, dentro de cada boca.
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Carrete: une cabeza y cuerpo de válvula ajustando la distancia.
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Válvula de drenaje (solo en los secos): vacía la columna tras el cierre para evitar daños por heladas.
Diámetros y salidas habituales:
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80 mm: una salida de 70 mm y dos de 45 mm.
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100 mm: una salida de 100 mm y dos de 70 mm.
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150 mm: igual que el de 100 (poco frecuente en columna húmeda). Con 150 mm la norma exige al menos dos salidas, y el diámetro del cuerpo nunca puede ser menor que el de las salidas.
Las bocas llevan racores tipo Barcelona (UNE 23400) con tapas sujetas por cadena; en las de 100 mm se usan a menudo otros racores (Storz, roscados). Los hidrantes de columna se designan con las letras A, B, C o D, pero el RIPCI (Real Decreto 513/2017) solo admite los de rango de par «2» y tipos «B» o «C», y solo el «C» donde se prevean heladas; los bajo tierra deben tener una PFA de 1.600 kPa (16 kg/cm²) (anexo I, sección 1.ª, apartado 3.2).
Caudal, presión y emplazamiento (RIPCI, anexo I, sección 1.ª, apartado 3). Cada boca debe dar un caudal ininterrumpido mínimo de 500 l/min. La presión mínima en la boca de salida es de 500 kPa (5 kg/cm²), para contrarrestar las pérdidas de carga de mangueras y lanzas durante la impulsión directa; en zonas urbanas donde el hidrante solo se use para llenar camiones basta con 100 kPa (1 kg/cm²). Para considerar una zona protegida, el recorrido real hasta cualquier hidrante debe quedar por debajo de 100 m si la zona es urbana y de 40 m si no lo es, al menos uno (a ser posible, a la entrada del edificio) debe tener una salida de 100 mm perpendicular a la fachada y de espaldas a ella, y los que no estén en la vía pública se sitúan entre 5 y 15 m de la fachada. Deben estar fácilmente accesibles, fuera de zonas de circulación y estacionamiento, y señalizados. El mecanismo se acciona con llave de cuadradillo de 30 × 30 mm en los de columna y de 25 × 25 mm en los bajo tierra, girando en el sentido de las agujas del reloj para cerrar; las tapas de los bajo tierra, preferentemente rojas o con la inscripción «incendios».
Obligatoriedad. Según el CTE DB SI (sección SI 4), deben instalarse hidrantes exteriores, entre otros casos, cuando la altura de evacuación descendente supera 28 m o la ascendente 6 m, y en establecimientos con densidad de ocupación mayor de una persona cada 5 m² y superficie construida entre 2.000 y 10.000 m². La dotación es de al menos un hidrante hasta 10.000 m² y uno más por cada 10.000 m² adicionales o fracción, pudiendo contarse los de la vía pública situados a menos de 100 m de la fachada accesible. Esa tabla da umbrales propios para otros usos (por ejemplo, residencial vivienda, administrativo y docente, uno entre 5.000 y 10.000 m²; residencial público y hospitalario, entre 2.000 y 10.000 m²; comercial y aparcamiento, entre 1.000 y 10.000 m²).
Abastecimiento de agua: columna seca y bocas de incendio equipadas
Columna seca. Instalación fija de uso exclusivo de bomberos para extinguir incendios en edificios de altura. Es una tubería de acero galvanizado de 80 mm, normalmente vacía, que sube por la caja de escalera desde la fachada; los bomberos conectan sus equipos a la toma de fachada y aportan el caudal y la presión necesarios.
Según el RIPCI (Real Decreto 513/2017, anexo I, sección 1.ª, apartado 6):
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Toma de agua en fachada o en zona fácilmente accesible a los servicios de extinción: conexión siamesa con llaves y racores de 70 mm, con tapa, y llave de purga de 25 mm para vaciar la instalación tras usarla. Lleva la indicación «USO EXCLUSIVO SERVICIOS DE EXTINCIÓN DE INCENDIOS», y en las tomas se identifican las plantas o zonas a las que da servicio y la presión máxima de servicio. Junto a ella se reserva un emplazamiento libre y señalizado para el camión de bombeo.
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Columna de tubería de acero galvanizado DN80.
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Salidas en planta: conexión siamesa con llaves y racores de 45 mm con tapa, en recintos de escalera o en sus vestíbulos previos. En las columnas ascendentes hay salida en las plantas pares hasta la 8.ª y, por encima de ella, en cada planta, y una válvula de seccionamiento cada cuatro plantas, por encima de la salida correspondiente; en las descendentes, salida y válvula de seccionamiento en cada planta. Las llaves de seccionamiento (siempre abiertas) permiten cerrar las plantas que no se usan para mejorar el rendimiento de la bomba.
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El centro de las bocas, tanto de la toma exterior como de las salidas, queda a 0,90 m sobre el suelo; las válvulas son de bola con palanca.
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Debe haber columnas suficientes para que el recorrido hasta alguna sea menor de 60 m, cada una con su toma independiente.
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Antes de la puesta en servicio se prueba durante dos horas a la presión máxima de servicio y, como mínimo, a 1.470 kPa en columnas de hasta 30 m y 2.450 kPa en las de más de 30 m.
Según el CTE DB SI (SI 4) se exige columna seca, entre otros casos, en edificios con más de 24 m de altura de evacuación, en uso hospitalario con más de 15 m, y en aparcamientos con más de tres plantas bajo rasante o más de cuatro sobre rasante, con tomas en todas sus plantas. Los municipios pueden sustituir esta exigencia por una instalación de BIE cuando, por el emplazamiento del edificio o por la dotación de los servicios públicos de extinción, no quede garantizada la utilidad de la columna seca (nota 5 de la tabla 1.1). La altura de evacuación es la máxima diferencia de cota entre un origen de evacuación y su salida del edificio, sin contar plantas de ocupación nula.
Bocas de incendio equipadas (BIE). Instalación para la primera intervención, conectada permanentemente a una red de agua siempre en carga. Elementos: boquilla-lanza, manguera, racores, válvula de cierre, manómetro (en la válvula) y soporte. Según la norma EN 671 hay dos tipos:
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BIE con manguera semirrígida (EN 671-1): la manguera conserva la sección circular sin presión, así que funciona sin desenrollarla del todo. El RIPCI solo admite la de 25 mm de diámetro interior, de 30 m como máximo; la manguera es estanca a 1,8 MPa (18 bar). Soporte de devanadera (fija o pivotante) con discos rojos de hasta 800 mm y tambor de al menos 200 mm. La lanza permite cierre, pulverización y/o chorro compacto; la válvula cierra en sentido horario.
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BIE con manguera plana (EN 671-2): la manguera solo es circular a presión, por lo que hay que desplegarla entera antes de abrir. El RIPCI solo admite la de 45 mm, de 20 m como máximo. Puede montarse en hornacina con tapa, armario empotrado o armario de superficie, con soporte de devanadera giratoria o con la manguera plegada.
Instalación de las BIE (RIPCI, anexo I, sección 1.ª, apartado 5). Factor K mínimo 42 (semirrígida) y 85 (plana). La red debe asegurar durante una hora el caudal de las dos BIE hidráulicamente más desfavorables: 85 l/min en la semirrígida (con K=42, presión mínima de 4 bar a la entrada) y 160 l/min en la plana (con K=85, 3,5 bar), sin superar 9 bar. La boquilla, la válvula y la apertura del armario quedan como máximo a 1,50 m del suelo; se coloca una BIE a 5 m como máximo de cada salida de sector; el radio de acción es la longitud de la manguera más 5 m, y la separación máxima entre BIE, 50 m. Antes de la puesta en servicio la red se prueba a la presión máxima de servicio y, como mínimo, a 980 kPa durante dos horas. La semirrígida lleva además una toma de 45 mm para los servicios de extinción.
El CTE DB SI exige BIE, entre otros casos, en zonas de riesgo especial alto por combustibles sólidos, en uso hospitalario en todo caso, en uso administrativo y docente por encima de 2.000 m², en residencial público por encima de 1.000 m² o con alojamiento para más de 50 personas, y en uso comercial, de pública concurrencia y aparcamiento por encima de 500 m² construidos. En esos usos serán de 25 mm; en las zonas de riesgo especial alto serán de 45 mm, salvo en residencial vivienda, donde también serán de 25 mm.
Sistema de detección y alarma: finalidad, componentes y detectores
Llamamos sistema automático de detección y alarma a la instalación fija capaz de descubrir el fuego sin intervención humana, de forma fiable y lo antes posible, en su fase inicial, de transmitir la alarma para que se adopten medidas (evacuación, aviso a bomberos, disparo de sistemas fijos de extinción…) y de localizar el foco con la mayor precisión posible. Se le exige rapidez, fiabilidad y seguridad de funcionamiento.
Componentes: detectores, zócalos, equipo de control y señalización, pulsadores manuales, dispositivos de alarma, fuente de alimentación y líneas.
Fases del incendio que aprovechan los detectores:
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Latente: sin humo visible, pero con ascenso de partículas invisibles ionizadas (de minutos a horas).
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Humo visible, sin llama ni calor apreciables (también minutos u horas).
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Llama, con emisión de radiación infrarroja, ultravioleta y visible (minutos o segundos).
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Calor intenso que asciende a las zonas altas (segundos).
Un detector tiene al menos un sensor que vigila, continuamente o a intervalos, alguna de esas manifestaciones y envía una señal eléctrica a la central. Suelen tener una carcasa fija y otra extraíble y un led que se enciende al actuar. Se colocan en el techo o cerca de él; su número y reparto dependen del tipo de detector, superficie y altura del local, forma del techo, actividad y movimiento del aire.
Por configuración: puntuales, multipuntuales y lineales (de barrera).
Por el fenómeno detectado:
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De humos. Los más usados, por fiabilidad y rapidez.
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Iónicos: los más rápidos; reaccionan en la fase latente. Tienen una cámara de referencia cerrada y una cámara de medición abierta; una pequeña fuente radiactiva (normalmente americio 241, emisor alfa) ioniza el aire y deja pasar una corriente. Las partículas de combustión reducen la conductividad, rompen el equilibrio entre cámaras y, superado un umbral, se activa la alarma.
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Ópticos de oscurecimiento: emisor (diodo), colimador y fotocélula que recibe el haz directamente; el humo reduce la luz recibida.
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Ópticos de dispersión (efecto Tyndall): la luz no incide sobre la fotocélula salvo cuando el humo la dispersa hacia ella.
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Térmicos:
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De temperatura fija (termostáticos): actúan normalmente entre 60 y 100 °C por fusión o dilatación de un elemento: fusible (como los rociadores, que son a la vez detector y boquilla), bimetálico (dos metales con distinta dilatación que cierran un contacto y se rearman al enfriarse) o cable fundible (detección lineal: al fundirse el aislante, los dos conductores se tocan).
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Termovelocimétricos: actúan cuando la temperatura sube más deprisa de lo prefijado, normalmente 7–10 °C por minuto, sin confundir las variaciones normales; neumáticos o, hoy casi siempre, termoeléctricos (termistores).
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Combinados: termostático y termovelocimétrico en el mismo aparato.
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De llama: sensibles a determinadas longitudes de onda; de infrarrojos y de ultravioletas.
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Multisensores («inteligentes»): combinan sensor iónico, óptico y térmico para ganar fiabilidad.
Sistema de detección y alarma: zócalos, central, pulsadores, alimentación y detección por aspiración
Zócalos. Son la base donde se hacen las conexiones eléctricas y sobre la que se monta el detector. Los hay para distintos ambientes (antihumedad, antideflagrantes…) y su función es fijar mecánicamente el detector, conectarlo a la línea y facilitar su mantenimiento y sustitución sin tocar la instalación.
Equipo de control y señalización (central). Va en un armario, en lugar accesible y protegido del ambiente y del riesgo de incendio. Funciones:
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alimentar al resto de componentes;
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recibir las señales y decidir si son una alarma de incendio;
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indicar en el panel la zona afectada con señales ópticas y acústicas;
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opcionalmente, registrar y memorizar las señales;
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vigilar continuamente el sistema y avisar de cualquier avería;
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transmitir la alarma a la zona protegida e incluso a los bomberos;
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activar otros medios: extinción fija, extracción de humos, cierre de puertas cortafuego, parada de instalaciones, etc.
Pulsadores manuales. Permiten dar la alarma a mano enviando una señal a la central. Deben ser fáciles de identificar y de accionar y fiables. Van en una caja resistente, normalmente roja, empotrada o de superficie, con instrucciones y el accionador protegido por un material transparente contra manipulaciones. Según el RIPCI (anexo I, sección 1.ª, apartado 1.4), se sitúan de modo que la distancia máxima desde cualquier origen de evacuación hasta un pulsador no supere los 25 m, con la parte superior del dispositivo entre 80 y 120 cm de altura; llevan marcado CE conforme a la norma EN 54-11 y están señalizados.
Dispositivos de alarma de la central:
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Ópticos: indicador general de cada estado, indicadores de zona y de cada avería; rojo para incendio y amarillo para avería.
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Acústicos: señal distinta para incendio y avería, o común; debe poder silenciarse desde la central.
Fuente de alimentación. Como mínimo dos fuentes independientes: la principal (red pública o equivalente, con cable exclusivo e independiente de los interruptores generales del edificio) y la de reserva, que debe incluir al menos una batería recargable. Si falla la principal, la reserva entra sola y se vuelve a la situación normal al recuperarse.
Líneas. Unen detectores y pulsadores con la central. Se instalan conforme al Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión, separadas de otros cableados y protegidas frente a daños mecánicos, fuego e interferencias electromagnéticas.
Detección por aspiración. Perfecciona un sistema creado en Australia en 1970 y busca alta sensibilidad (alarma en fases incipientes que los detectores convencionales no ven) y mayor fiabilidad al disparar la extinción, evitando falsas alarmas. Funciona por dispersión de la luz y consta de una red de tuberías (normalmente de PVC de 19 a 25 mm) con orificios equidistantes por la zona protegida y un módulo central con:
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aspirador, que toma muestras de aire de forma continua;
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filtro, que retiene el polvo pero deja pasar el humo;
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cámara de muestreo, el verdadero detector: cámara óptica con lámpara de xenón o contador de partículas con láser;
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elementos de control, que procesan la señal y activan la alarma según la intensidad del humo.
Tiene varios niveles de alarma ajustables, denominados alerta, acción y fuego.