La apertura de un edificio o local público no consiste solo en abrir la puerta: es la primera tarea de seguridad de la jornada, y se hace siguiendo las normas y protocolos que haya fijado la administración del edificio.
Antes de abrir al público, el personal subalterno:
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Inspecciona visualmente los elementos exteriores de acceso: comprueba el estado de escaleras, rampas, puertas y ventanas.
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Desconecta el sistema de alarma. La desconexión, como la conexión al cierre, es una de las novedades que se anotan en el libro oficial de registro de incidencias.
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Realiza la ronda de apertura: recorre el edificio planta por planta, revisando el estado de las zonas de trabajo y de uso público y comprobando que no hay ninguna incidencia que requiera una atención especial.
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Revisa el libro de incidencias del turno anterior y coteja las llaves del cajetín con su registro, para saber de qué dispone y si falta alguna.
Encendido de luces y apertura de puertas. Una vez terminada la ronda, o durante ella, se encienden las luces principales del edificio y se abren las puertas de acceso a la hora concertada, supervisando que la entrada se haga conforme a los protocolos establecidos. Antes de su uso se abren también las dependencias que se vayan a utilizar a primera hora (aulas, salas), comprobando que todo esté en orden.
Puerta del personal. Si el edificio tiene una puerta de entrada y salida distinta para el personal, o un horario diferente, el subalterno supervisa que la entrada y la salida se hagan según los protocolos, y no facilita el acceso a quien pretenda entrar o salir sin cumplirlos.
Cuando el subalterno es el único responsable de abrir y cerrar las puertas del edificio, tiene que hacerlo con diligencia y puntualidad, facilitando el acceso a las personas interesadas a la hora convenida.