El control de la instalación expositiva y de la visita abarca todas las medidas técnicas que garantizan que las piezas se muestren en condiciones adecuadas de conservación y seguridad, y que el público pueda disfrutarlas de forma cómoda, accesible y ordenada. El montaje expositivo es el proceso de disponer las obras en la sala siguiendo el guion del comisario y el proyecto museográfico: incluye la colocación de vitrinas, soportes, peanas y anclajes, la señalización, los textos y cartelas, y la protección física de los objetos frente a manipulaciones o golpes.
Un aspecto esencial es el control de las condiciones ambientales de la sala, pues la estabilidad del entorno es la base de la conservación preventiva. Como valores orientativos, la temperatura suele mantenerse en torno a 18-22 grados y la humedad relativa entre el 45 y el 55 por ciento, procurando que ambas fluctúen lo menos posible, ya que los cambios bruscos son más dañinos que un valor estable ligeramente distinto del ideal. Estas variables se vigilan con sensores, dataloggers y sistemas de monitorización que registran los datos de forma continua y alertan de desviaciones.
La iluminación debe equilibrar la visibilidad de las obras con su conservación, limitando la exposición a la luz -especialmente a la radiación ultravioleta e infrarroja- que degrada los materiales. Los niveles se ajustan a la sensibilidad de cada pieza: materiales muy sensibles como el papel, los textiles o las acuarelas se iluminan a niveles bajos, del orden de 50 lux; las pinturas al óleo admiten valores intermedios, en torno a 150-180 lux; y materiales resistentes como el metal, la piedra o la cerámica pueden soportar niveles más altos, alrededor de 300 lux.
La seguridad comprende tanto la protección frente a robo y vandalismo (sistemas de alarma, videovigilancia, control de accesos, vitrinas de seguridad, personal de sala) como la seguridad frente a incendios y emergencias, con detección, extinción adecuada para bienes culturales y planes de evacuación que contemplen a la vez a las personas y a las obras. El control de aforo regula el número de visitantes simultáneos para evitar aglomeraciones que dañen las piezas, comprometan la seguridad o deterioren la experiencia; puede gestionarse con entradas por franjas horarias, contadores y turnos.
La accesibilidad universal busca que cualquier persona, con independencia de sus capacidades, pueda acceder y comprender la exposición: itinerarios sin barreras, alturas y distancias adecuadas, textos legibles y contrastados, recursos táctiles, audioguías, subtitulado o lengua de signos. Finalmente, la mediación y la atención al visitante -personal de sala, guías, actividades y materiales didácticos- facilitan la comprensión de los contenidos, orientan al público, velan por el cumplimiento de las normas de conservación y enriquecen la experiencia de la visita.