La Alta Edad Media alumbró en los reinos cristianos del norte una serie de estilos que anteceden y preparan el Románico. En el Reino de Asturias, entre los siglos VIII y IX, floreció el arte asturiano: bajo Alfonso II se erigió San Julián de los Prados (Santullano), y bajo Ramiro I, Santa María del Naranco, en origen un aula regia o salón palatino, y San Miguel de Lillo, cerca de Oviedo, con arcos peraltados, bóveda de cañón, contrafuertes y una decoración de sogueado y medallones. El arte mozárabe fue obra de cristianos procedentes de al-Ándalus que emigraron al norte, e incorporó elementos islámicos como el arco de herradura; su ejemplo más notable es San Miguel de Escalada (913). A esta época pertenecen los Beatos, manuscritos iluminados que comentan el Apocalipsis. El arte visigodo, anterior, había aportado ya el arco de herradura.
El Románico se difundió por la Península en los siglos XI y XII, principalmente a través del Camino de Santiago y de la orden de Cluny. Sus rasgos son el arco de medio punto, la bóveda de cañón, los muros gruesos con vanos pequeños, los contrafuertes adosados, la planta de cruz latina y los ábsides semicirculares. Los pilares son robustos y las portadas se abren con arquivoltas y tímpanos presididos por el Pantocrátor o Cristo en majestad. Los capiteles son historiados, con escenas narrativas.
En Cataluña arraigó un primer Románico de influencia lombarda, con iglesias como Sant Pere de Rodes y Ripoll. A lo largo del Camino de Santiago se levantaron templos como San Martín de Frómista (Palencia), modelo del estilo, San Isidoro de León, con su Panteón Real cubierto de pinturas murales, y la meta del peregrinaje, la Catedral de Santiago de Compostela, cuyo Pórtico de la Gloria fue realizado hacia 1188 por el Maestro Mateo.
La escultura románica se concentró en las portadas y los capiteles; el claustro del monasterio de Santo Domingo de Silos conserva relieves maestros. La pintura, al fresco, decoró ábsides y muros: el conjunto de las iglesias de Taüll, en el Vall de Boí, con el Pantocrátor, es el más célebre. Frontales de altar, tallas de Cristo crucificado y de la Virgen entronizada, y frescos completan este arte profundamente religioso y didáctico, concebido para instruir a unos fieles en su mayoría iletrados. Otros centros románicos de primer orden son las catedrales de Jaca, Zamora y Salamanca, así como el conjunto de la Cámara Santa de Oviedo. El Románico se prolongó en muchas zonas hasta bien entrado el siglo XIII, cuando fue dando paso al gótico.