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Familias y misiones internacionales


La vida militar tiene algunas características que le son propias. Una de ellas es que, aunque sea una persona la que vista el uniforme, la vida castrense afecta a todo el núcleo familiar. Las familias militares suelen vivir acostumbradas a lo que significan las mudanzas, las maniobras, las misiones internacionales… En definitiva a la ausencia, en menor o mayor grado, de un miembro de la familia.


Cuando ambos son militares, este equilibrio a veces puede ser aún más complicado y exige un fuerte compromiso y flexibilidad familiar. Por ello, es habitual que los militares se apoyen en otros miembros de su otra familia extensa, aquella que conforman las FAS. Es habitual que la familia militar no resida en la provincia natal y tengan lejos a abuelos o familiares que les puedan ayudar en algunas tareas, por lo que el compañerismo y la ayuda mutua de la comunidad se torna imprescindible. Y, a pesar de todo, no siempre es fácil.


Probablemente hay un hecho que pueda generar mayor desequilibrio o inestabilidad: cuando un miembro de la familia tiene que cumplir con su deber en Zona de Operaciones. Generalmente, una misión internacional oscila entre los cuatro y los seis meses al que hay que sumar los días de fase de concentración y pre despliegue, que suele ocupar entre quince días y un mes.


Esto tiene implicaciones en el reparto de responsabilidades familiares. Durante al menos medio año, una persona debe encargarse y asumir todas las tareas domésticas, que en la vida actual no son pocas: compras, pagos, actividades extraescolares infantiles, reparaciones urgentes, imprevistos, enfermedades familiares etc. Por ello, una de las sesiones informativas habituales que se da al personal militar que va a salir en misión internacional apunta hacia las orientaciones a la familia.


Es importante tener la mayor parte de las situaciones que se pueden prever planificadas para tratar de prevenir algunas incomodidades. No se podrán todas, claro, pero al menos tratar de adelantar aquellas situaciones que se saben que van a ocurrir en ese periodo de tiempo y solventarlas previamente.


Por otro lado, durante el despliegue, la incertidumbre en la familia que se queda en territorio nacional puede incrementar ante la falta de información que muchas veces suele suceder (falta de cobertura, navegaciones en alta mar, noticias de accidentes o atentados en la Zona de Operaciones, condiciones de seguridad de la información, etc.). Por este motivo desde los Ejércitos y Armada se han puesto en marcha instrucciones para dar cobertura a estos supuestos, como por ejemplo la Instrucción permanente de Organización 3/2008 que establece normas de actuación en las diferentes fases del despliegue.


En Unidades del Ejército de Tierra, por ejemplo, a través de las Oficinas de Apoyo al Personal se ofrecen ayudas durante el ciclo del despliegue a aquellas familias que lo solicitan para asistir en aquellas dificultades sobrevenidas que la ausencia de un miembro de la familia hace difícil realizar.


Pensando en el post despliegue.


Una misión no finaliza cuando se regresa a casa, en ocasiones sucede tiempo después. La vuelta a casa del militar supone un nuevo ajuste en la estructura de la familia con una fase de adaptación que puede suponer tensiones. Mientras desplegaba, la familia ha tenido que seguir adelante y es habitual la sensación de desplazamiento que sienten algunas personas a la vuelta a casa, o bien los conflictos o dificultades que pueden darse por reajustes, nuevas situaciones o problemas que han surgido durante la misión, que suponen todo un desafío para el núcleo familiar.


Por ello, es importante prestar atención no sólo al aspecto psicológico previo sino también durante y después del despliegue con el objetivo de que la familia militar se sienta acompañada y arropada durante todo el proceso que permitan ajustar y readaptar la vuelta a casa, validando y normalizando las experiencias de la familia durante los meses de misión.


En países de nuestro entorno se han puesto en marcha programas en los que la familia supone un perfil de actuación de interés, como por ejemplo el Comprehensive Soldier and Family Fitness (CSF2), que proporciona herramientas y ayuda a los miembros de la familia a ser más capaces de afrontar la adversidad y desempeñarse mejor en situaciones estresantes. La Psicología Militar tiene mucho que aportar en relación a la mejora del bienestar emocional de las familias, facilitar la reintegración y el ajuste del personal militar al regreso de la misión facilitando la prevención de problemas a largo plazo, lo que repercute no sólo en el rendimiento del personal militar sino en la efectividad general de las Fuerzas Armadas.



Capitán Psicólogo Pablo Lobato de Enciso



Imagen: Andrés Gutiérrez/ www.eldia.es



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