Los incendios forestales actuales son muy distintos de los de mediados del siglo XX: el abandono rural y la falta de gestión han acumulado vegetación, y hoy hay incendios con focos secundarios por delante del frente, velocidades de propagación de más de 2-3 km/h y llamas de 30-40 m en la cabeza, que superan las técnicas habituales. En España, más del 96 % de los incendios los causa el ser humano.
Clases de incendio de vegetación:
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Forestal: fuego que se propaga sin control por terreno con especies forestales (arbóreas, arbustivas, de matorral o herbáceas) que cumplen o pueden cumplir funciones ambientales, protectoras, productoras, culturales, paisajísticas o recreativas.
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Agrícola: por terreno de cultivo.
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De vegetación en suelo urbano: parques, jardines o cunetas urbanas, sin influencia forestal.
Las quemas autorizadas y controladas no son incendios.
La interfaz urbano-forestal es la zona donde hay edificaciones dentro o junto a vegetación forestal: el fuego puede alcanzar las construcciones y propagarse también por combustibles no forestales (las propias viviendas, los jardines). Se habla de incendios de cuarta generación, y se dan en tres escenarios: estructuras agrupadas dentro de una masa forestal (urbanizaciones, pueblos), zonas de vegetación aisladas dentro de áreas urbanas (parques) y estructuras aisladas en terreno forestal o agrícola.
Por superficie: conato (menos de 1 ha), incendio (1 ha o más) y gran incendio forestal (GIF) (500 ha o más). Por el estrato por el que avanza: de suelo o subsuelo (materia orgánica y raíces, lento e incandescente, solo se para con una línea hasta suelo mineral), de superficie (hasta 1,5 m de altura, el más frecuente), antorcheo (prende copas aisladas), copas pasivo (avanza por las copas dependiendo del fuego de superficie) y copas activo (independiente de la superficie, con viento fuerte y continuidad; muy intenso).
GIF. Más que el tamaño, lo define la intensidad: llamas de más de 2 m, propagación de más de 3 km/h y fuego activo de copas. Genera su propio ambiente de fuego (más temperatura, menos humedad, vientos convectivos) y avanza por puntos inconexos en lugar de por un frente lineal. Se combate combinando el uso del fuego con vehículos de gran movilidad (para verticalizar la columna, redirigir el frente y bajar la intensidad del perímetro) y la extinción clásica cuando el fuego queda al alcance de los medios.
Partes: origen, cabeza (la parte más activa), flancos, cola, perímetro, dedos, bolsas, islas y focos secundarios (originados por pavesas o piñas fuera del perímetro).
Forma: circular (llano, combustible homogéneo, sin viento), elíptica (viento dominante) o irregular (viento variable, combustible heterogéneo o pendientes irregulares). Según su motor, el incendio es de combustible, topográfico (quema laderas y vaguadas; la oportunidad está cuando baja contra pendiente), conducido por viento (busca crestas; se ataca de cola a cabeza por los flancos cuando el viento pierde peso) o de ambiente de fuego (solo cabe el ataque indirecto con una ventana de actuación suficiente). Los frentes pueden ser lineales o irregulares por puntos, estos últimos mucho más peligrosos.
Transmisión del calor: la conducción es poco eficaz entre combustibles forestales; la radiación aumenta con la continuidad y el ahuecamiento del combustible; la convección es la más eficaz, convierte en disponibles los combustibles aéreos y favorece la propagación ladera arriba. Además, las pavesas provocan saltos de fuego, sobre todo en pinares con fuego de copas (hasta medio kilómetro), siendo las más peligrosas la corteza del eucalipto y las piñas de pino carrasco.